Abramóvich, tan millonario como excéntrico (ahora más de los segundo a cuenta de la crisis), tuvo un ataque de romanticismo a principios de esta temporada y fichó a Luiz Filipe Scolari. Le puso ocho millones de sueldo anual (la crisis aún estaba en proceso larvario) y le encargó convertir al Chelsea en referente del jogo bonito .
Y en eso estaba, o más bien no, Felipão, hasta ayer, cuando el magnate ruso le hizo llegar la carta de despido. El empate contra el Hull terminó con la proverbial paciencia del presidente blue , que pudo soportar la arrogancia de Mourinho y el fútbol gris de Avram Grant, pero no ha acertado a digerir ver cuarto a un equipo concebido para ganarlo todo.
Olvida quizá Abramóvich que esa concepción de club imperial estaba ligada a los tiempos de las grandes inversiones con Mou en el banquillo y no al nuevo Chelsea, que apenas invirtió diez millones de euros para firmar a Deco este verano.
Scolari encontró solo los huesos del gran Chelsea para roer un equipo. En portería estaba Cech, como siempre. Para la zaga consiguió por fin un lateral derecho (Bosingwa) que evitaba seguir sufriendo a Ferreira, pero nadie con quien suplir los problemas de edad y lesiones de Carvalho. El centro del campo estaba pensado más para la destrucción y la pegada que para la creación y así siguió. No se puede jugar bonito sin cerebro. Lampard no es Xavi, ni Ballack, Iniesta. Y en la delantera, la sombra de Drogba y la apatía de Anelka, que funcionó hasta que dejó de entenderse con el míster.
El caso es que a principios de temporada, con diez victorias y tres empates hasta la derrota ante el Liverpool, Abramóvich parecía satisfecho y hasta el engreído Mourinho, que llegó a tildar a Grant de «perdedor», deseaba buena suerte a Felipão.
Sin embargo, los tantos de Torres en la nueva derrota ante los reds dejaron tocado al técnico brasileño, y el empate del sábado con el Hull demostró que nadie teme a este Chelsea. Los blues han metido cuatro goles y encajado cinco en la Premier en el 2009, están a siete puntos del Manchester con un partido más disputado, y cierran la lista de equipos Champions por detrás del Aston Villa. Quaresma llegó del Inter como revulsivo en el mercado de invierno, pero era tarde. La nueva aparición de Mourinho en enero fue para asegurar que él les habría dado a los de Stanford Bridge la Liga de Campeones. Felipão no tendrá la oportunidad de intentarlo.