El Gran Peña, la otra épica del fútbol

DEPORTES

Un adolescente ghanés en paro, que llegó a Vigo como polizón, recibe apoyo tras romperse la tibia y el peroné

28 ene 2009 . Actualizado a las 17:51 h.

Entró en España por la puerta que deja entreabierta la necesidad. Se refugió con un amigo en la trastienda de un carguero para dejar el océano Atlántico en la cuneta. Tenía 15 años. Atrás quedaba Sekondi, un puerto en el suroeste de Ghana donde reside toda su familia. Albert Essilfie (1-1-1991) llegó a Vigo para ganarse la vida. Soñaba con ser futbolista.

El Gran Peña le dio su primera oportunidad la temporada pasada y lo integró en sus categorías inferiores como centrocampista. «Es lo único que tengo aquí, sin ellos no sé muy bien qué es lo que haría», dice encajonado en el lateral de su cama. El fútbol acaba de jugarle la peor de sus faenas. En un partido de rivalidad, entre los peñistas y los juveniles del Rápido de Bouzas, se dejó por el camino la tibia y el peroné.

«Fui fuerte al balón pero choqué contra las botas y escuché un crac. Me di cuenta al momento de que había roto algo, la pierna se me quedó fría». Las lágrimas se recrean en su mejilla y se le quiebra la voz. «Llevo llorando desde aquel día. Esta noche no he podido parar, el dolor es muy fuerte y no me acostumbro», se lamenta mientras agarra el mando del televisor.

Mañana le dirán si la fractura, que fue limpia, requiere o no paso por el quirófano. El autor del plantillazo ni siquiera le ha llamado, pero Albert prefiere no hacer sangre. «Son cosas que pasan en el fútbol».

La grave lesión no solo le apartó de los campos de fútbol. También le deja fuera de un resentido mercado laboral. «Estuve trabajando once meses como soldador, pero con la crisis no me renovaron y no tengo derecho a cobrar el paro». Albert tiene por delante seis meses de recuperación y unos papeles en regla, pero no gana un euro que llevarse a la boca.

«Mientras no pueda trabajar, vamos a ayudarle a pagar el alquiler del piso y los recibos. También le enviamos comida para que pueda mantenerse», anuncia el presidente del Gran Peña, Ricardo Lores. No solo eso. El club ha comenzado una colecta entre sus jugadores y técnicos. También se han apuntado socios y simpatizantes.

«Además de lo que aportamos desde la directiva, le damos la oportunidad a la gente de la casa para que pongan su granito de arena y ayuden a un chaval que no tiene ningún medio económico que lo sustente», resalta el mandatario. El Gran Peña es el club con el presupuesto más modesto de Tercera División.

«Son muy buena gente, me ayudaron mucho para conseguir trabajo y ahora, que me he quedado sin nada, están ahí otra vez. No sé cómo dar las gracias. Espero recuperarme y darlo todo por este equipo». Albert no llamó a su madre hasta horas después de regresar del hospital. «No quería preocuparla estando tan lejos», sonríe con la cara desencajada. Otro silencio abultado con la mirada perdida.