Millones de niños en todo el mundo realizan algún deporte de competición pero, para tres de cada diez menores, esta práctica puede llegar a ser un infierno, física y mentalmente. Esta es la principal conclusión del informe de Save the Children Niños en Competición presentado ayer por la responsable del Patronato de la ONG, Pilar Goya, y el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky.
El deporte repercute positivamente en el desarrollo físico, mental y moral de un niño, porque además de ser una diversión, le enseña habilidades sociales como la autodisciplina o la confianza. Sin embargo, cuando el deporte deja de ser una actividad lúdica y complementaria y sirve para «satisfacer los deseos de los adultos», lo que ocurre «demasiadas veces», apunta el informe, es cuando se pueden vulnerar los derechos de los menores.
Aunque no existe una definición oficial para el deporte de élite, Save the Children considera que es el que requiere un entrenamiento intensivo: unas dos horas diarias, al menos cinco días a la semana. Para la mayor parte de los jóvenes atletas, estas condiciones de vida no les causan mayores problemas.
Sin embargo, el 20% de estos niños están en riesgo de padecer algún tipo de abuso o explotación y otro 10% es «víctima de alguna violación de sus derechos fundamentales».
Solo en el Reino Unido, denuncia el informe, 2.600 gimnastas menores de 16 años acuden cada año al hospital con lesiones provocadas por el ejercicio físico. Además, el 15 por ciento de estas niñas corren el riesgo de sufrir trastornos alimenticios como la anorexia u otros problemas de crecimiento, como la disfunción menstrual o la osteopenia prematura, dos dolencias causadas por las exigencias de este deporte.
El informe denuncia también que el «vertiginoso éxito del deporte chino corre en paralelo al riguroso programa de entrenamiento establecido» en más de 11.600 escuelas deportivas en las que entrenan más de seis millones de niños en condiciones «durísimas» e incluso sufriendo el maltrato de sus entrenadores. Además, el uso de drogas está tristemente extendido.
Algunos deportes ponen directamente en peligro la integridad física del niño como el Muay Thai o boxeo infantil tailandés, un deporte que mueve enormes cantidades de dinero y que somete a los niños a «condiciones terribles». Otro ejemplo es el caso de los niños jinetes de las carreras de camellos de los Emiratos Árabes, un deporte popular que fue prohibido en el 2005 y en el que se utilizaban niños secuestrados en Pakistán, Bangladés o Sudán.
Save the Children denuncia también el creciente «reclutamiento» de jóvenes promesas de fútbol, la mayoría de ellos procedentes de África, que con falsos permisos de reunificación familiar pretenden llegar a Europa para jugar en algún club de fútbol. La mayoría acaban en las calles de las grandes ciudades.