El boxeador que tenía un gancho para el fútbol

DEPORTES

23 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Omarcito tenía pegada. Desde que nació en Los Mochis, Sinaloa, en 1980, este mexicano menudito (170 centímetros de estatura y setenta kilos de peso) dio guerra en los deportes. Comenzó con el béisbol en el equipo de su pueblo y pronto se dedicó al boxeo, aunque sin mayores logros en ninguna de las dos disciplinas.

Quizás por ello, en la adolescencia decidió dedicarse por entero al fútbol y siempre se postulaba como el delantero de referencia en el equipo de su barrio. Adquirió fama local y los ojeadores de las selecciones zonales lo tuvieron siempre en cuenta, hasta que el Santos Laguna le ofreció la primera oportunidad de su vida futbolística. Contra todo pronóstico, Bravo rechazó el balón por los estudios y tuvo que ser la insistencia del Chivas de Guadalajara la que inclinase la balanza.

Desde entonces, su relación con el club rayado fue casi filial. Su presidente Jorge Vergara le apadrinó y protegió hasta anteayer, cuando mantuvieron el último rifirrafe porque el dirigente reiteraba su deseo de renovarle por tres temporadas más y Omar le recordaba que, con veintiocho años, le cerraría de ese modo las puertas del fútbol europeo. Omar Bravo vestía la camiseta de las Chivas de Guadalajara desde hacía siete años, pero alcanzó el punto de madurez desde su participación en el Mundial de Alemania, en el año 2006, carrera internacional que comenzó en los Juegos Olímpicos del 2004. Entretanto, la muesca en su bota de la Copa de Oro arrebatada a Brasil en el año 2003.

Dos goles en el estreno de México en el Mundial de Alemania contra Irán aumentaron su cotización y el Racing de Santander intentó ficharlo aquel verano. En el campeonato mexicano siguiente, logró un hito histórico en el fútbol de su país: ser el máximo goleador de la Liga. Tomaba el relevo de Jared Borgetti (2001) como artillero nacional y actualizaba el palmarés de su club, que hacía cuarenta y seis años que no tenía un pichichi en sus filas. Bravo cruzará el charco siendo el tercer máximo goleador de la historia del club mexicano más ilustre.

Su repercusión mediática le ha convertido en objeto de la prensa del corazón en su país, aunque él siempre dice que tiene alma de cocinero y que se refugiará en los fogones del restaurante que regenta.