Un solitario gol de Nacho dio al Fabril el triunfo que necesitaba para disputar la fase de ascenso a Segunda. Será la segunda promoción consecutiva del filial coruñés, que la pasada campaña ascendió de Tercera División. Los deportivistas jugaron veinte minutos con un futbolista menos por la expulsión de su lateral izquierdo, Roberto Casado, quien vio dos tarjetas amarillas en apenas tres minutos. La decisión del árbitro, muy protestada desde el césped y la grada, dio emoción al tramo final del choque, pues los triunfos del Real Madrid Castilla y del Universidad de Las Palmas convertían un hipotético empate local en inútil, pero la inferioridad numérica apenas se notó. En realidad, el Sanse decepcionó de principio a fin y nunca puso en aprietos a su rival.
Al Fabril le bastó muy poco para sumar los ansiados tres puntos. Estuvo lejos de su mejor versión y el gol de la victoria llegó casi de manera inesperada. Hasta ese momento los dos equipos se habían limitado a contemplarse, a temerse, pero apenas se habían atacado. Nacho, el jugador más enchufado de su equipo, lo arregló. Su disparo desde unos treinta metros estaba a medio camino entre un intento ofensivo y, directamente, sacarse el balón de encima. Pero la pelota golpeó en un defensa y adquirió una parábola imposible para el menudo guardameta del Sanse, quien cuando se dio cuenta solo pudo recoger el balón de su portería.
El equipo coruñés se esforzó por manejar el juego, pero nunca tuvo las ideas claras en ataque. Jugó al trote y en el primer período se perdió en la maraña de futbolistas que el entrenador visitante colocó por delante de su línea de tres centrales. Borja apenas profundizó por la derecha y las paredes entre Iván Carril y Lassad nunca dieron fruto.
El gol tampoco animó el juego. Solo al final de este período un par de acciones aisladas pudieron reflejarse en el marcador. La primera, para el filial. Lassad, en carrera, a punto estuvo de marcar de certero cabezazo tras un saque de esquina botado por Iván Carril.
La respuesta del Sanse no se hizo esperar. Su delantero gallego Nel remató a bocajarro un centro desde la izquierda de Alexander, pero Manu, en una excelente intervención, rechazó el balón con el cuerpo. Fue el único disparo del equipo madrileño con peligro entre los tres palos.
La expulsión no cambió nada. El Fabril jugó a arreones, pero fue suficiente. Gracias, sobre todo, a la labor desde el eje de Álex y Nacho. Su trabajo, oscuro y sacrificado, resulta imprescindible para sus compañeros y ofrece muchas de las respuestas de por qué el filial volverá a luchar, once años después, por el ascenso a Segunda División.