Acude a urgencias a buscar a su novia y acaba atropellado

María Castrillo A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

En la noche de ayer, cada quince minutos llegaba una ambulancia al Chuac

25 jun 2010 . Actualizado a las 15:29 h.

Javier entró la madrugada de ayer por la puerta de urgencias del Hospital A Coruña acompañando a su novia, que se había quemado saltando una hoguera en el Orzán. Al poco rato, salió para comprar tabaco en el bar que había cerca del complejo médico y un coche lo atropelló. Javier volvió cojeando.

Ante la idea de perder a su novia de vista, prefirió que no lo atendieran los enfermeros: «Yo a mi niña no la dejo sola, que es muy aprensiva». Pero tampoco podía verla porque mientras se atendía a los pacientes los acompañantes debían permanecer a la espera, protocolo que indignaba a este gaditano, y optó por salir, a pesar de su cojera, a fumar un cigarro: «He venido de Cádiz para hacer prácticas de policía, y en mi ciudad, si dices el número de placa, te dejan entrar en urgencias. Sin embargo aquí no me dejan ver a mi niña». Mientras hablaba, fruncía el ceño y tragaba saliva. El dolor le obligaba a hacer silencios.

La noche siguió empeorando para Javier. Volvió a salir del hospital, pero esta vez lo hizo en silla de ruedas. «No parezco un policía -se lamentaba mientras fumaba otro cigarro-, y encima, le han dicho a mi novia que me atropelló un coche. Ahora está llorando». Después de dar la última calada, puso las manos sobre las ruedas para regresar a la sala de espera, pero lo hizo con tanto ímpetu que cuado estaba subiendo la rampa, se fue inclinando hacia atrás hasta que se cayó dando una voltereta. Sus últimas palabras fueron: «No necesito ayuda».

Con 11 años en urgencias

«Tiene 11 años», le dijo un chico de esa misma edad a la enfermera. Estaba dando los datos de su amigo, ya que este no podía hablar por la borrachera que llevaba. Pero no fue el único menor de la noche de ayer que llegó al Hospital A Coruña en ambulancia. Sí el más pequeño.

La primera afectada de la noche de San Juan que tuvieron que llevar a urgencias llegó sobre las doce y media. Su amiga se bajó primero de la ambulancia, hablando histérica por el móvil: «¡Tiene un pedo que flipas, y a las dos tenemos que estar en casa!». En efecto, segundos más tarde se abría la puerta de atrás y dos miembros del 061 sacaban a una chica inconsciente en una camilla, informaron a su amiga de la obligación de llamar a sus padres por tener menos de 18 años.

Una media de quince minutos era lo que tardaba en aparecer otra ambulancia con más jóvenes durante la madrugada. En total, llegaron 13 inconscientes por el alcohol y cinco con quemaduras. Pero con la llegada del día no se acabaron los sustos y el 061 continuó trabajando.