Pintor Joaquín Vaamonde es una de las calles de la ciudad con mayor índice de delitos

A CORUÑA

Un vecino asegura que en el último año llamó más de cien veces al 091

08 jun 2009 . Actualizado a las 13:05 h.

En cuestión de altercados, el tamaño de la calle no importa. Pintor Joaquín Vaamonde no mide ni cien metros de largo y da más trabajo a la policía que la ronda de Outeiro con sus cuatro kilómetros y medio. No hay noche de fin de semana que las patrullas de la policía nacional y local no tengan que acudir varias veces a la zona para sofocar una pelea, silenciar la música o atender alguna denuncia formulada por algún vecino al que le han abollado el coche o roto un retrovisor. Un vecino asegura que en el último año llamó más de 100 veces al 091. Y es que hoy por hoy, esta pequeña vía es una de las que más delitos registra de la ciudad.

De seis de la madrugada a once de la mañana, coincidiendo con el horario de apertura de los dos after-hours que funcionan en la vía, la policía acude una media de cinco veces. Y a raíz de las amenazas vecinales de formar patrullas de vigilancia, la presencia de agentes se incrementó. Durante la mañana de ayer, en cuestión de media hora circularon por Pintor Joaquín Vaamonde cuatro coches patrulla. Lo hacen despacio, haciéndose ver.

Esta mayor presencia policial, agradecida por los vecinos, calmó los ánimos. «Fue la noche más tranquila de los últimos meses», anunció alegre una vecina. Ahora que también teme que «en cuanto pase la novedad por el ruido que estamos haciendo, seguro que todo volverá a ser como antes». Se refiere esta mujer a las aglomeraciones de personas a las seis o siete de la mañana, «cantando, gritando o discutiendo», cuando no hay «peleas o hasta navajazos».

Denuncias

La mayoría de las denuncias que se ponen en esta calle se deben a destrozos en los vehículos. Los vecinos -raro es el que no ha sufrido algún daño en su coche- evitan en la medida de lo posible estacionar en esta calle a pesar de que los aparcamientos están reservados para residentes, quedando las plazas a disposición de la clientela de los dos establecimientos de hostelería con horarios de cinco de la madrugada a once de la mañana. Ayer mismo, un turismo tenía el retrovisor sobre el parabrisas. «Hubo noches en que todos los coches de una acera tenían roto el espejo del conductor», afirma un vecino.

Pero los automóviles no solo sirven como «saco de boxeo» para los vándalos. Muchos clientes de los after-hours usan los capós como barra de bar o para drogarse. «Es muy habitual ver a personas hacerse rayas de cocaína en el techo a plena luz del día, con total inmunidad», cuenta un residente, que achaca esta práctica a que «los servicios de los establecimientos están tan llenos que terminan antes saliendo a la calle para consumir o hacer sus necesidades».

A las denuncias por destrozos en coches o en el mobiliario público le siguen las que se formulan por agresiones. Sin ir más lejos, ayer, sobre las diez de la mañana, hubo un conato de pelea entre dos jóvenes que salían de un establecimiento. Tras un intercambio de empujones, fueron separados. «El problema es que la mayoría de los clientes de estos sitios son verdaderos delincuentes, personas de navaja fácil», denuncia un residente al que hace un año intentaron atracar en su propio portal.