Los responsables de las unidades creen que la falta de interés de los concellos desincentiva el trabajo altruista
29 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Las agrupaciones de Protección Civil de la Costa da Morte cuentan con más de tres centenares de voluntarios que colaboran de una u otra manera en la prestación de todo tipo de servicios a la comunidad. Sin embargo, esa cifra está en proceso de regresión y tiene poco que ver con la realidad del trabajo diario en los operativos.
A la hora de actuar, en prácticamente todas las unidades, existe un grupo reducido de personas que son las que se encargan de todas las incidencias que se van presentando. Entre ellas predominan los propios empleados municipales, funcionarios, técnicos de emergencias e incluso concejales que desarrollan su actividad principal como asalariados en los concellos y, a mayores, desempeñan esa función de un modo más o menos voluntario.
El abanico de opciones a la hora de organizar el funcionamiento es muy amplio. Va desde casos como el de Vimianzo, en el que prácticamente solo opera el Grumir, pasando por el de A Laracha, con seis personas trabajando a turnos; los de Zas, Dumbría, Coristanco o Laxe, con una o dos personas de manera permanente hasta llegar al de Carballo, con cinco contratados habituales, los refuerzos del Grumir, 55 voluntarios activos y 32 socorristas. En medio, están los ejemplos de Cee, Fisterra, Muxía, Ponteceso o Cabana que cuentan con un equipo más o menos estable de entre 10 y 15 personas. La agrupación de Camariñas también se encontraba en este grupo como uno de las más activas, pero los problemas entre los voluntarios y el alcalde, con polémicas políticas de por medio, mantienen la unidad paralizada desde Semana Santa.
Con las particularidades de cada uno, todos los grupos sin excepción, coinciden a la hora de señalar una serie de problemas que afectan de manera directa al fomento del voluntariado. El principal es la falta de apoyo por parte de los Concellos y otras Administraciones que no valoran debidamente el servicio que se les está prestando de una manera gratuita y desinteresada. El presidente de la unidad de Cee, Juan Manuel Trillo, considera que la mayoría de los alcaldes «con excepcións» no le prestan demasiada atención a estos aspectos porque «non dá réditos políticos».
Manuel de las Heras Medina, responsable en Coristanco desde hace 14 años, cree que los grupos de Protección Civil «van acabar por desaparecer» dado que los poderes públicos no hacen nada por fomentar su implantación. «Somos chicos para todo. Imos aos sitios sen cobrar e aínda por enriba din que non facemos nada. Só as forzas de seguridade, Garda Civil e demais, nos agradecen o noso traballo porque se dan conta do que hai», comenta.
De las Heras también pone el acento en los escasos recursos con los que cuentan para hacer frente a una gran cantidad de gastos: «Compras unhas botas, un pantalón e un xersei, xa sen o traxe de augas porque sae moi caro, e váste a 200 e pico euros por cada voluntario. Despois os equipos de comunicación e o mantemento. Todo custa cartos e non temos outro ingreso que as escasas subvencións da Xunta, a Deputación e o Concello».
La encargada del servicio en Cerceda, María del Mar Pérez, considera que «os políticos deberían mimar máis aos voluntarios» y cambiar la idea que tienen sobre su trabajo «porque moitas veces dan por feito que se trata dunha obriga» cuando la gente que colabora lo hace de una manera totalmente desinteresada.
El jefe de la unidad de Carballo, Javier Souto Facal, Piti, también se queja del escaso apoyo institucional «a todos os niveis, non só nos concellos» y pone de manifiesto la obligatoriedad de que las agrupaciones sean libres y democráticas. «Eu sempre digo que o meu corazón é laranxa», señala para ilustrar la necesidad de desvincularse de cualquier motivación o dependencia política.