La Costa da Morte sigue esperando su compensación por el «Prestige»

CARBALLO

06 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El Plan Galicia dibujó un futuro en el que la alta velocidad ferroviaria llegaba a la comunidad en el 2007, se establecían siete nuevas infraestructuras viarias decisivas para la movilidad interior y se acortaban los plazos de muchas otras que ya estaban diseñadas de antemano e incluso iniciadas; sin olvidar los 33 parques empresariales, las redes de gas o el plan de formación ocupacional que iban a impulsar de una vez por todas la creación de empleo, especialmente en la Costa da Morte. Con todas aquellas medidas, y alguna más, las Administraciones central y autonómica intentaban compensar la catástrofe del Prestige . Pero la mayor parte de aquellos proyectos existen únicamente sobre el papel. Tres años después del Galicia llegó el Plan Costa da Morte, definido por sus creadores como un proyecto «de reactivación económica que comprometa e coordine os investimentos e actuacións das Administracións públicas e impulse o desenvolvemento de iniciativas empresariais e a creación de emprego». En líneas generales, se trataba de retomar la mayor parte de las infraestructuras previstas en el Plan Galicia, modificar algunas de ellas, añadir otras y concentrar el ámbito de actuación en la Costa da Morte, y no en todo el territorio autonómico, como se había hecho antes. Desde luego, el punto de partida al que aludía el gobierno gallego no era nada alentador. «A Costa da Morte -decía- caracterízase por un baixo dinamismo económico, a emigración da súa poboación, unhas taxas negativas de crecemento demográfico e un nivel de renda per cápita inferior á media galega». Y por eso se establecían para el período 2006-2010 una serie de actuaciones en tres ámbitos muy concretos. En el humano, mediante la creación de empleo «de calidade» y la formación de los trabajadores; en el físico, con la creación de infraestructuras de acceso, suelo empresarial, redes energéticas y telecomunicaciones, saneamiento y abastecimiento y equipamiento social, de las que existía «carencia». Por último, en la dinamización y el crecimiento económico de la zona, la clave se situaba en la pesca y la acuicultura, el turismo, la dinamización del medio rural y «as actividades económicas en xeral». De los más de quinientos millones de euros consignados con ese fin solo llegó a invertirse una mínima parte. Nuevamente, el plan se quedó en el papel.