La importancia de Suiza se ve en los letreros, pero no en las calles o plazas

La Voz

CARBALLO

20 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En su viaje por España en 1909, la inglesa Anette Meakin denominó a Galicia« la Suiza española». Lo decía por la orografía. Pero, entre los setenta y ochenta, cénit del éxodo al país helvético, le habría servido para definir la Costa da Morte: rara era la casa que no tenía allá algún pariente. Y muchas se construyeron siguiendo los patrones de la arquitectura alpina.

La Costa da Morte no sería lo que es sin la emigración, y sobre todo sin la emigración a Suiza. En un gran arco que cubre Tordoia o Santa Comba, representa el 40% de todos los emigrantes coruñeses en aquel país. A su vez, la provincia tiene la mitad de los gallegos, y Galicia aporta el 40% de los españoles.

Con todo, Suiza no tiene calles o plazas dedicadas. Ni pueblos hermanados. Y eso es que es el único país con línea directa con la zona tres veces por semana en autobús y varias de taxi. Y eso que en casi todos los centros de gallegos hay un presidente o directivo de la comarca. O que algunos emigrantes han logrado en aquel país puestos muy destacados.

Nunca se ha aprovechado el Día Mundial del Emigrante (fue el viernes, día 18) para rendir un expreso homenaje. Solo, de vez en cuando, se reúnen los retornados para alguna comida. Los únicos nombres suizos son los que alumbran en los letreros de bares, restaurantes y otros comercios: decenas.