El inmueble, fundado por bergantiñáns de la emigración peruana, se encuentra en mal estado de conservación
15 dic 2009 . Actualizado a las 10:31 h.Malpica tiene una relación muy especial con Chimbote. La localidad peruana, situada en la provincia de Ancash, fue un lugar de acogida para muchos marineros locales en los duros años de la emigración, en los 50 y 60. Durante un tiempo, la ciudad peruana se convirtió en una pequeña Malpica. Allí fueron, calcula Luis Novo, descendiente de una familia y nacido allí, cerca de un centenar de vecinos a buscarse la vida. Sumando hijos y parejas la cifra pasa de esa cantidad. Sin embargo, la emigración de Malpica a Chimbote fue efímera. Pasaron los años y la mayor parte de los que se fueron acabaron regresando a su tierra. El que fue uno de los puertos pesqueros más importantes del mundo -en parte gracias al saber de los que allí fueron a pescar- acabó perdiendo ese papel. Poco más de una década estuvo allí la colonia gallega. Hoy pocos quedan ya, pero sí recuerdos de los que allí estuvieron y vínculos con aquel pasado que muchos descendientes no quieren perder. Entre esos recuerdos, vivos aún, destaca uno, un edificio construido entonces por los emigrantes y conocido como Casino Español de Chimbote o Casa de España, aunque bien podría haberse llamado Casa de Galicia. En julio de 1965 un grupo de emigrantes malpicáns, siguiendo los pasos de lo que muchos otros habían hecho antes en otros puntos de América del Sur, decidieron comprar una parcela para edificar un lugar en el que reunirse. Eran 1.500 metros cuadrados situados en el número 423 de la calle Malecón Grau. Seguramente, muchos malpicáns pasaron por allí en algún momento. El edificio vivió su época de esplendor en la década de los 60 y primeros años de los 70, pero pronto las circunstancias cambiaron y las cosas empezaron a torcerse. También para el casino. El primer golpe lo dio la naturaleza justo en el momento de mayor gloria, cuando el puerto estaba a la cabeza mundial en descargas de pescado. Un terremoto sacudió la región y una gran parte de Chimbote acabó convertida en cascotes y escombros. Murieron 12.000 personas. Que se sepa, ningún vecino de Malpica. Nada volvió a ser igual y muchos empezaron a regresar a casa. La llegada al poder en Perú de Velasco Alvarado originó la segunda oleada de retornados. El temor a perderlo todo en un régimen que aparentaba no respetar la propiedad hizo que otra parte importante de los malpicáns volvieron a casa. Por entonces el casino era el lugar de reunión. El sitio en que celebraba actos la embajada, el salón de baile y orquestas y un restaurante importante en la ciudad, aunque yendo a menos al mismo ritmo que se reducía el número de sus promotores. Hacia 1977, cuenta Luis Novo, ya no quedaba casi ningún malpicán en Chimbote, una ciudad en la que hasta hacía poco los apellidos Chouciño, Novo o Alfeirán resultaban frecuentes. Lo que no se pudo volver a casa fue el casino. Pasó de mano en mano sin nuevas inversiones, sin obras de mantenimiento, sin el cariño de los fundadores. Hoy sigue siendo un restaurante, pero al parecer su futuro es incierto. Pasa por problemas económicos, explica Novo, derivados de una mala gestión continuada de sus actuales responsables, y tal y como están las cosas es posible que más pronto que tarde el edificio acabe embargado por impagos. Quieren los descendientes de los malpicáns de Chimbote que el final sea otro y que el casino recupere su esplendor de antaño.