Los problemas con el servicio de comedor en algunos colegios de la comarca seguirán siendo un lastre el próximo curso. En Carballo es donde se registran las principales complicaciones, ya que de los 2.000 estudiantes que hay, solo 310 comen en instalaciones gestionadas por la Xunta, es decir, solo un 13% de los alumnos del municipio reciben subvenciones en el servicio. A pesar de que las asociaciones de padres llevan varios años reclamando más ayudas, los pasos que se han dado han sido muy pequeños. Los datos lo dejan claro. Los comedores que se han creado en el último año (el del Playa de Quenxe de Corcubión, el del CEIP MIlladoiro de Malpica o el del colegio de Buño, que gestiona la empresa de cátering Manduca) tienen como motor el esfuerzo de las propias familias, que además de asumir el gasto, son las que han gestionado la creación de estas prestaciones.
En Carballo, no hay ningún tipo de plan para ampliar el cupo de estudiantes en estas instalaciones. Paradójicamente el colegio Fogar contará con medio centenar de alumnos más, siguiendo el proyecto de ampliación del centro de cara al curso que viene que se llevará a cabo con la creación de nuevas unidades. El colegio, que podrá llegar a los 750 escolares convirtiéndose en el más poblado de Galicia, solo dispone de 270 plazas en su comedor. La oferta está muy por debajo de las demandas, y cada año deja a cientos de niños en la lista de espera, que apenas sufre cambios a lo largo del curso.
Conciliación
Este es uno de los servicios más importantes para los progenitores, pues les permite la conciliación de la vida laboral y familiar. El problema que se plantea en la capital de Bergantiños va más allá del número de plazas. Los padres han protestado en repetidas ocasiones, ya que no entienden por qué mientras una parte de los beneficiarios de este servicio no pagan nada o contribuyen con cantidades pequeñas, dependiendo de su situación socioeconómica, hay otros que deben abonar unos 900 euros en todo el curso.
En la Costa da Morte existen 19 instalaciones gestionadas por la Administración, la mayoría de las cuales se han quedado insuficientes. Para acceder a este servicio, las familias deben aportar la documentación necesaria que justifique su situación familiar para optar a las distintas subvenciones. La Xunta no solo ha frenado la ampliación de plazas en los comedores ya existentes. Colegios como los de Sofán, el Nétoma-Razo o el San Luis Romero llevan años a la espera de que les concedan la instalación del servicio.
Colaboradores
Los padres también colaboran en el funcionamiento de los comedores públicos. La Administración creó la figura del colaborador, que se ha cubierto gracias a la ayuda de los progenitores. Ellos colaboran en las comidas y, a cambio, reciben una pequeña compensación.
Otra de las fortalezas de los comedores (tanto públicos como privados) es la supervisión de los menús por parte de especialistas en dietética que controlan las comidas diarias de los estudiantes. La alimentación saludable es una de las principales obsesiones de los directores de algunos centros. El ejemplo es el Canosa Rus, en Coristanco, que se ha ganado la fama en la comarca por la elaboración de sus menús o el Fogar en el que los responsables de la instalación han conseguido que la inmensa mayoría de los comensales no le hagan ascos ningún alimento. El conserje del centro, Eliseo Theodosio, es uno de los que coordina el servicio. «Conseguimos que rapaces que non probaban as hortalizas a principios de curso non poñan problemas por nada. Estamos pendentes de que coman todo, de que aprendan, porque hai moitos que veñen da casa sen saber coller ben os cubertos, por exemplo. O que facemos é estar todos os días enriba deles e os resultados nótanse», explica.