En una de las playas de Cambre, un riachuelo vierte con fuerza directamente al mar, en medio de paisajes insólitos
20 may 2008 . Actualizado a las 10:57 h.Una parte del litoral de Malpica, la que mira más hacia el este, la que desde la capital municipal se va amansando hacia Aviño y Razo, es una de las grandes desconocidas de la Costa da Morte. Inmerecidamente, porque ofrece unos paisajes dignos de la mejor muestra de la comarcal, pero afortunadamente, desde el punto de vista egoísta del viajero que prefiere disfrutar de la belleza con tranquilidad.
Entre las parroquias de Cambre y Cerqueda se esconden decenas de rincones de postal. Cerca del límite marino entre ambas parroquias, pero en la zona cambresa, por la playa de San Miro, estos días -y, en general, todos los de buenas lluvias- se puede ver una cascada que, osadamente, hay que calificar como la hermana pequeña de O Ézaro. No es el Xallas, es un regato, pero como aquel, muere directamente en el mar formando una caída de unos veinte metros si se incluye, y hay que hacerlo, el recodo superior.
No hay pérdida para llegar hasta ella. Solo hay que ir a Cambre y desde allí, tirar hacia las playas, pero no las de Aviño. La carretera, sinuosa, está asfaltada. Una imponente pasarela de madera permite bajar con comodidad hasta el arenal. El último paso tiene que ser un salto, porque el tramo final está destrozado, presumiblemente por los últimos temporales. Al lado, una ducha, en aparente buen estado. La playa, una delicia para pasear con tranquilidad y poco espacio, al abrigo de un acantilado y con un islote (una roca) en la punta superior de la imaginaria media luna.
La cascada fluvial es accesible, vistosa y algo ruidosa. Pero, ojo, no es la única. Más allá (por el mar, en lancha, sin posibilidad de aprovechar bajamares, y por tierra, preguntando a los lugareños) es posible acceder a otro regato descendente similar. Lo saben lo vecinos y ya lo contaba prolijamente en estas páginas, hace tres años, el escritor Xosé Manuel Varela, a propósito de los secretos que esconde Malpica por estos pagos, alejados de las urbanizaciones. Es en A Rega, donde está el Rego da Rega.
A Rega es la única salida al mar de la parroquia vecina de Cerqueda. Hasta ahí se accede por senderos, por ejemplo, desde O Ceán, que en un cartel mirado a la ligera indica Ocean , como la evocadora palabra inglesa de océano. No le iría mal. A este lugar también se llega desde San Miro por una pista de tierra en muy buen estado, pero no conviene investigar con vehículos que tengas los bajos muy bajos. En A Rega, cuenta Varela, como la luna llena, a veces hay playa y a veces, no. Va en las mareas. Y hay furnas en sus alrededores, muchas, creadas en siglos por los envites del mar y por la peculiar y configuración de las negras rocas bañadas por el mar, muy blandas , nada que ver con el granito que no está nada lejano. La Furna Pequena, la Furna Grande, enormes cavidades en la que, de haberlas, cabrían muchas Buseranas como las de Muxía.
Más hacia el noroeste, Ardeleiro, también en Cerqueda. Con algunos de los molinos restaurados, los accesos, perfectos, y el paisaje, extraordinario, que se divisa perfectamente desde un pequeño mirador y una cruz que recuerda a un fallecido, lo sorprendente es que un domingo por la tarde, y durante largo rato, no haya apenas visitantes. Puede ser que la señalización haya de mejorarse, por ejemplo desde Loroxo. Entre los molinos, otras cascadas, diminutas pero insistentes. Y, a los lados, furnas , más furnas .