García y la jefa de la policía niegan haber ordenado vigilar al Grumir

AROUSA

La regidora elude desvelar si la consigna impuesta a los agentes partió o no de ella y si comparte su contenido

15 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Era la pregunta del millón. Y lo sigue siendo, porque de la alcaldía de Vilagarcía no partió ayer una sola palabra que aclare si la orden de vigilar a grupos de personas y, en concreto, a miembros de Protección Civil y el Grumir durante la pegada de carteles del pasado 18 de marzo, fue dictada o no por la propia Dolores García o por algún miembro de su equipo. Pese a que esta redacción planteó toda una serie de cuestiones al respecto al aparato municipal, la regidora tampoco desveló si personal y políticamente está de acuerdo o no con el contenido de la instrucción que firmaba la jefa de la policía local, Mari Carmen Roca y, en último término, qué tipo de medidas adoptará el gobierno para evitar que un capítulo de estas características vuelva a repetirse.

En realidad, no parece que en la intención de la alcaldesa esté el tomar medidas de ningún tipo. Al menos, a tenor del contenido de la escueta nota con la que García quiso solventar la crisis política en la que la inaudita decisión ha instalado a la capital arousana. En un manifiesto conjunto, tanto la regidora como la inspectora niegan haber ordenado que se vigilase a los integrantes del Grumir. Alegan, en este sentido, que el comunicado que recoge las instrucciones a los agentes es de carácter interno y que tiene fecha del 20 de marzo, cuando los hechos a los que se refiere se remontan a la noche del 17 al 18.

«En ningún momento houbo ánimo de vixiar a ninguén, e moito menos de vulnerar a Constitución, senón de esclarecer o que ocorreu nunha determinada xornada». Para ello, ambas aseguran haber recurrido a una «ampliación de informe». Un «cuestionario de información reservada» que, en sus palabras, no constituye más que un «procedemento administrativo habitual».

La respuesta tampoco arroja luz sobre otra de las preguntas que, entre otros, se plantean portavoces políticos y representantes sindicales: ¿existen precedentes acerca del control e identificación de quienes han participado en movilizaciones laborales o de otro tipo? La incógnita gana importancia, por cuanto lo ocurrido se define como un acto «administrativo habitual» por la propia alcaldía.

El ejemplo más reciente de una movilización semejante, con aparato de carteles y otros soportes, es la que los vecinos de Castroagudín desarrollaron durante meses contra la construcción de un terraplén en el principal acceso a su aldea. La apertura de la circunvalación norte de Vilagarcía dio lugar a la plantación de cruces con mensajes funerarios -el mismo contenido que las octavillas repartidas por el Grumir- a las puertas del Concello. La policía, entonces, no hizo nada ni, que se sepa, identificó tampoco a nadie.