El festival de «hardcore» nutre a los hosteleros y colapsa el tráfico
30 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Los potentes ritmos del Resurrection Fest en Lavandeiras no gustan a todo el mundo, pero desde diferentes sectores ayer se ponía de relevancia la importancia que tiene para el municipio, en mayor o medida, según la puerta a la que se llame. La hostelería, en sus diversas variantes, es la principal beneficiada. Hoteles llenos (ayer se buscaba alojamiento en municipios limítrofes); bocadillos, raciones, e incluso comilonas a la carta, dependiendo de los bolsillos, «que hai de todo, incluso quen pide unha mariscada», señalaban desde un restaurante en Covas; los supermercados a tope, y en algunas panaderías se triplica la venta de barras y empanadas estos días.
Viveiro cambia de cara, y es el efecto Resurrection. Una descarga continua de gente del territorio nacional, pero también de países extranjeros en busca de la adrenalina que descargan las bandas. Se nota también en el continuo atasco de la principal travesía de la ciudad, que hace sudar a los agentes locales. Desde la Policía Local, su responsable Juan Manuel Escudero, destacaba la colaboración de algunos de los asistentes a la hora de retirar coches que estorban o localizar a propietarios de vehículos.
Un evento de este tipo atrae también un porcentaje de personas «poco recomendables», al que marca el despliegue del Cuerpo Nacional de Policía. La primera jornada discurría sin incidentes de relieve, y hasta el cierre de esta edición, la de ayer tenía el mismo balance.
Emerxencias de Viveiro no tuvo trabajo en exceso. Su responsable, Manuel Expósito, explicó que durante la primera noche atendieron a veinte personas. Esguinces de rodilla, tobillo, cortes, alguna contusión, lo que tiene la euforia que despierta la música de alto voltaje, y dos insuficiencias respiratorias, una de ellas que finalmente fue trasladada para recibir atención sanitaria.