Aunque echando un vistazo a las numerosas ofertas inmobiliarias de la comarca puede dar la impresión de que los precios se mantienen en niveles similares a los del bum de los últimos años, parece que la mayoría de ventas se cierran con considerables rebajas sobre esas tarifas. Al menos así lo afirma Diego Señoráns Vidal, titular de la franquicia de Inmocasa en Burela, quien cifra en un 40% la bajada media en la vivienda nueva y usada. En plena crisis, la ley de la oferta y la demanda ha dado un vuelco a un mercado que en los meses pasados ha experimentado un notable cambio.
Para constatar esa nueva realidad basta comprobar cuántas agencias inmobiliarias han cerrado sus puertas, cuántas promociones han sido aplazadas a la espera de tiempos mejores, cuántas construcciones han ralentizado su ritmo o están paradas o cuántas viviendas se encuentran en venta o alquiler.
«Ofrecen pouco»
Con la experiencia que le dan los diez años que lleva ejerciendo de agente inmobiliario en diferentes puntos de España, Diego Señoráns lleva un año en Burela. Durante los últimos doce meses ha vendido 31 viviendas, un balance que le parece «bastante bo», habida cuenta de la crisis y de las dificultades de acceso a créditos financieros.
Con ese bagaje, sostiene que, en general, para vender un inmueble nuevo o usado en la comarca «xa non bastan rebaixas do 20%» sobre el precio establecido por el promotor o el propietario. «As vendas pechanse con baixadas de entre o 30% e o 40% na vivenda nova e de ata un 50% na usada», asegura el representante de Inmocasa en Burela. Entre otras razones, por el «principal problema»: las entidades financieras han «endurecido moito as condicións para conceder préstamos hipotecarios» y, también, porque quienes no precisan endeudarse en exceso para comprar o disponen de capital «saben que o mercado está a baixa, miran moito antes de decidirse e ofrecen pouco».
No pueden todos
Con todo, Diego Señoráns precisa que no todas las promotoras pueden aplicar esos porcentajes de descuento en pisos nuevos, especialmente aquellas que «pagaron moito polos terrenos» cuando la construcción vivió su bum en A Mariña y se compraban pisos para segunda residencia sobre plano, incluso sin saber exactamente su ubicación.