La misión al Gran Burato, nombre que los investigadores le han puesto al orificio generado teóricamente por una explosión de gas en el lecho marino a 140 kilómetros de la costa gallega, preveía zarpar ayer por la noche, otra vez, del puerto de Vigo a bordo del oceanográfico Sarmiento de Gamboa .
Tras tres días en tierra para implementar nuevos equipos para sondear el subsuelo marino y dar un descanso al plantel científico (compuesto por veinte personas de varias instituciones científicas españoles y portuguesas), el grupo de expertos vuelve a la zona, donde ya estuvo entre el día 16 y el 25 de este mes con condiciones algo adversas para desarrolar su trabajo. La misión no ha cambiado: explorar y conocer en profundidad las dimensiones de esta cavidad submarina, que podría, al parecer, contener gas en cantidades colosales.
La idea de fondo es conocer si este gas, que podría seguir confinado en ese enorme hueco a pesar del paso de probablemente miles e incluso millones de años, es lo suficientemente atractivo para una explotación comercial en los próximos años. Según los coordinadores de la campaña financiada por la Xunta de Galicia con 450.000 euros, tres profesores de la Universidad de Vigo, Federico Vilas, Daniel Rey y Belén Rubio, la exploración en detalle es su objetivo principal, para poder valorar en su justa medida el tamaño de este hipotético yacimiento. Luego se verá si conviene, en base este trabajo previo, extraer ese recurso energético.
Hasta ahora, la zona del Gran Burato había sido barrida por medio de sofisticados sistemas de visualización por ecosondas. La nave oceanográfica envía torpedos sónicos, bolas de aire comprimido, para que lleguen al fondo y penetren hasta 2 kilómetros bajo el subsuelo. Esta señal rebota y reenvía ecos hacia el buque, captados por una ristra de micrófonos submarinos (hidrófonos) colgados de una manguera de dos kilómetros de longitud que el laboratorio flotante arrastra por su popa.
Según una de las coordinadoras de la misión del Gran Burato, Belén Rubio, catedrática de la Universidad de Vigo, esta fase que se inicia ahora se llevará a cabo centrándose «en el uso de un testificador». Es decir, lo que antes veían desde el buque, a una distancia de casi dos kilómetros por medio de las ondas de sonido, que se reflejaban en las pantalla de ordenador y se traducían en imágenes del fondo, ahora bajarán a tocar el suelo para observarlo.
Los científicos recogerán directamente, por medio de este ingenio llamado testificador, muestras de los sedimentos de la zona para analizarlos con detalle posteriormente y extraer las conclusiones pertinentes. Con todo, el informe preliminar no llegará hasta el mes de diciembre. La vuelta del barco se espera para el 2 o el 3 de noviembre.