El Concello justifica las dimensiones y el diseño del mobiliario urbano por la necesidad de causar impacto
26 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Los paneles colocados en distintas calles del Casco Vello de Vigo para persuadir a los jóvenes de la organización de botellones rompen la estética de una zona antigua como esta y no se ajustan a la normativa. Lo denuncian vecinos y comerciantes del barrio, quienes critican, no solo el tamaño de los letreros, sino la estética y los espacios en los que han sido situados. De hecho, en algunos casos se colocaron a pocos metros de las ventanas de las viviendas, obstruyendo las vistas, o en los muros de edificios con cierta entidad histórica.
La respuesta de los responsables municipales es que estos paneles tenían como objetivo, además de informar, causar cierto impacto entre los jóvenes que practican botellón, al menos en un principio, por lo que no se descarta cambiarlos en el futuro.
Los residentes no se resignan a seguir esperando y piden al Concello que los retire cuanto antes y que los sustituya por otros más adecuados con el entorno o por vigilancia policial, que es lo que, a su juicio, debería imperar.
Recuerdan al gobierno local que ellos se tienen que ajustar a una estricta normativa, que no les permite la más mínima concesión en la restauración de las viviendas, tanto en materiales como en colores y estética, de ahí que exijan a la administración local el mismo respeto por las características del barrio.
Además, están convencidos de que los paneles no ofrecen buena imagen al turismo, lo que consideran otro motivo más para retirarlos cuanto antes, máxime en un año como este, con más afluencia de visitantes.
El caso de los paneles contra el botellón en el Casco Vello no es el único de despropósito en la colocación de mobiliario urbano. Como si la obra de Leiro fuera objeto de persecución en la ciudad, la vista del Sireno desde la calle Carral ha sido interrumpida por una marquesina del autobús urbano y junto al bañista situado frente al Náutico se colocó una caseta de turismo que, por si fuera poco, también obstaculiza la vista portuaria desde las gradas construidas estratégicamente para descansar.