Cuarenta años después de emigrar de Sarria al Caribe, Mario Pérez sigue echando de menos la lluvia de su tierra natal. Quizás por eso el año pasado este magnate de las finanzas, dueño del mayor holding de capital riesgo del Caribe, regresó a Galicia (donde era un absoluto desconocido) para encargar una flota de 15 buques en el sector naval de la ría de Vigo, anunciar la construcción de mil plazas hoteleras a lo largo del Camino de Santiago, y pedir precio por un astillero de la comunidad.
Esta última inversión, que podría ser cerrada hoy, forma parte de su gran plan: «un triángulo de comercio entre Estados Unidos -el empresario lucense está afincado en Miami-, Galicia y la República Dominicana», según explicó el año pasado a La Voz. En este último país, del que es embajador honorario, Mario Pérez impulsa una zona franca de 20 millones de metros cuadrados que operará libre de impuestos con EE.?UU. y en la que pretende emplear a más de 30.000 personas. Además, planea explotar los caladeros caribeños del atún. Para todas esas empresas marítimas es para lo que quiere Mario Pérez el astillero vigués, con el que pretende ahorrar costes de mantenimiento y reparación.
El empresario, de 62 años, casado en segundas nupcias con una dominicana con la que ha tenido cinco hijos (uno fallecido cuando apenas tenía un año) y otros tantos nietos, Pérez comenzó amasando su fortuna en el mundo del ladrillo, sector del que pasó al turismo, la hostelería y, desde hace poco, al capital riesgo: invierte en empresas asequibles y las vende a medio plazo para obtener una alta rentabilidad.
Gran defensor de la emigración hispana a EE.?UU. y Europa -«los latinos somos trabajadores triple A, de primera», asegura-, el magnate lucense ha decidido regresar, aunque sea a través de sus dólares, porque «en esta vida hay que ser agradecido y hay que ser gallego».