Aunque Vigo presume de haber nacido mirando al mar y de ser la ciudad más populosa e industrial de Galicia, la mayor parte de su patrimonio es rural
02 may 2008 . Actualizado a las 10:56 h.Vigo creció mirando al mar hasta convertirse en la ciudad más populosa e industrial de Galicia. Pero, curiosamente, guarda mayor patrimonio rural que marítimo o industrial. Hórreos, molinos de agua, petos de ánimas o lavaderos siguen existiendo, e incluso funcionando, especialmente en las parroquias más alejadas del centro urbano. La Consellería de Cultura acaba de abrir el plazo de solicitud de ayudas para la conservación y restauración de estos bienes del patrimonio etnográfico gallego.
En el Plan Xeral de Ordenación Municipal de Vigo se recoge que en la ciudad existen 1.743 hórreos. Son hórreos de madera, de piedra, mixtos e incluso de ladrillo y cemento. En un estudio realizado en el municipio hace diez años, se afirmaba que el 60% de estos elementos seguían estando en uso. Aunque es difícil establecer la antigüedad exacta de estos hórreos, la mayor parte fueron construidos hace más de cien años. Se sabe que el hórreo del Camiño de Oia supera los doscientos años de antigüedad, y sigue siendo utilizado. La declaración de bien de interés cultural se aplica a aquellos hórreos que tienen más de cien años, lo que se cumple en el 70% de los casos vigueses.
El siguiente elemento etnográfico más numeroso en Vigo es el molino. Todos, salvo el eólico existente en Navia, son hidráulicos. El inventario municipal recoge 247 molinos de agua repartidos por diecisiete parroquias. Aunque en los últimos tiempos se han realizado trabajos de recuperación en algunos puntos del municipio, la mayor parte de estos elementos presentan mal estado de conservación o incluso se encuentran en ruinas. Solamente un 15% de estos elementos estaban en uso hace diez años, cuando se realizó el catálogo de patrimonio vigués. La tipología de estas construcciones se divide en molinos de canal y de cubo. Uno de los ejemplos más antiguos que se encuentran en el municipio, y a la vez más vistosos, es el molino de canal ubicado en el lugar de Viloura, en Castrelos, que ya fue recogida en el Catastro de Ensenada de 1753. Los molinos fueron un elemento fundamental en la economía antigua de Galicia, y en torno a ellos existe un rico folclore que se ha trasladado hasta nuestros días a través de las cantigas.
No menos curiosa es la pervivencia de elementos etno religiosos como cruceiros y petos de ánimas. Hay 28 cruceiros repartidos por dieciocho parroquias, algunos de ellos en lugares tan céntricos como el Casco Vello o Bouzas. La cronología de estas formas artísticas se sitúa entre los siglos XVII y XX. El cruceiro más antiguo del municipio es el que está situado en el entorno de la iglesia de Coruxo, que está datado en 1631. También existen ocho petos de ánimas que siguen siendo utilizados por los creyentes. Uno está ubicado en el lateral de una conocida sala de conciertos ubicada en la calle Beiramar, mientras que el más antiguo es el situado en la calle Carballar, en Cabral, que está datado en el año 1785.
Las cifras del catálogo
Son los elementos etnográficos más destacables, pero no los únicos. El Catálogo del Patrimonio Etnográfico de Vigo incluye también la existencia de 164 fuentes, 55 lavaderos, once cobertizos, 77 casas tradicionales, un horno, 16 iglesias, diez cruces, cinco conjuntos de interés, dos ermitas, cinco bodegas, cuatro puentes, cinco entradas monumentales, una escuela, un cementerio, cinco pozos, dos molinos de viento, seis capillas, dos casas rectorales, seis palcos de música, una eira y un aserradero. Especialmente curioso es el caso de la «corredoira» del monte do Gato de Coruxo, un camino empedrado secular, relacionado con la explotación maderera en esta parroquia viguesa.