El Celta busca un perfil de técnico de éxito, como Arconada, para dirigir el proyecto de la próxima temporada, y descarta el modelo inglés que ideaba Carlos Mouriño
09 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Por primera vez desde que es presidente del Celta, Carlos Mouriño tendrá la oportunidad de apostar por un entrenador nuevo para el comienzo de una temporada. La elección del técnico se ha convertido en el pilar básico de su tercer proyecto deportivo y, con el asesoramiento del director deportivo Ramón Martínez, han acordado que el perfil que buscan es el de un técnico de éxito reciente, por eso el número uno de la lista es Gonzalo Arconada, que está a punto de conseguir el ascenso con el Numancia.
Queda desechado así de forma definitiva el modelo inglés que quería implantar Mouriño cuando asumió el cargo. El máximo accionista del club se ha dado cuenta de la dificultad de llevar a cabo la teoría que tantas veces ha explicado: «Mi idea es la de traer a un entrenador que pueda liderar nuestro proyecto durante varios años, queremos conseguir que la afición tenga la paciencia necesaria si las cosas van mal con el técnico que elijamos», eran las palabras que pronunciaba el presidente hace ahora un año, cuando el equipo estaba a punto de descender de Primera a Segunda.
Al final no se ha podido cumplir, aunque ha sido más por decisión de él mismo y de su Consejo de Administración que por presión de los aficionados, ya que ni cuando fue destituido Hristo Stoichkov, ni cuando se prescindió de López Caro, había una corriente del celtismo en la que se pidiese la cabeza del entrenador, sino que fueron decisiones más o menos inesperadas por parte de la directiva céltica. Por ese motivo el propio Mouriño ha desechado ya la filosofía que pretendía implantar.
Hasta ahora le han fallado los cuatro entrenadores que ha tenido durante su mandato: Fernando Vázquez, Stoichkov, López Caro y Antonio López. En el caso de este último no le ven como el técnico adecuado para llevar las riendas de una plantilla que quieren confeccionar la próxima temporada para buscar como sea el regreso a Primera.
Lo que no desea el club es que se repita el fracaso de un entrenador y son conscientes de que hasta la fecha no han acertado en esta pieza fundamental para un proyecto deportivo.
Cuando Mouriño le compró el club a Horacio Gómez, se encontró con Fernando Vázquez ya renovado. En ese momento tampoco suponía mayor problema porque el técnico de Castrofeito venía de clasificar al equipo para la Copa de la UEFA y anteriormente de lograr el ascenso a Primera.
Las cosas no fueron como se esperaba y aunque el presidente intentó que acabase la temporada antes de traer a un nuevo entrenador para otro proyecto, al final tuvo que acabar destituyéndole.
En ese momento apostó por Stoichkov con la idea de que fuese el líder del deseado modelo inglés, pues le firmó un contrato de más de una temporada. El búlgaro terminó la temporada consumando el descenso, aunque estuvo cerca de salvarlo. Se le confirmó en el cargo y tras la llegada de Ramón Martínez como nuevo director deportivo, este decidió traer a un segundo entrenador, Antonio López, de forma que se realizó un peculiar modelo inglés en el que Stoichkov se autodefinía más como mánager, mientras que su segundo realizaba más el trabajo de campo en los entrenamientos. La cosa no funcionó. El trabajo del búlgaro no gustó a los que le habían elegido y en apenas siete jornadas prescindieron de sus servicios.
Encontrar a mitad de temporada a un entrenador que cumple el perfil que uno desea no es fácil, porque solo se puede recurrir a entrenador que están en paro. Ramón Martínez apostó por Juan Ramón López Caro, a quien conocía de su etapa en el Real Madrid, pero cuya última etapa la había cumplido en el Levante donde fue destituido dejando al equipo en puestos de descenso. Confiaban en que su carácter trabajador sirviese para sacar adelante el objetivo, pero no fue así y acabó también fuera del club.
Ya solo quedaba la solución de urgencia, que era tirar de Antonio López, que tampoco está respondiendo a lo que se esperaba. En el quinto no quieren volver a equivocarse.