El Gobierno de Ecuador intenta conseguir fondos para prevenir una catástrofe ecológica cuyos efectos durarían muchos años El Gobierno ecuatoriano se niega todavía a hablar de desastre ambiental, pero ha declararado el estado de emergencia en el archipiélago de las Galápagos. Así pretende movilizar los recursos económicos y humanos necesarios para afrontar la amenaza a un ecosistema único que constituye el derrame del combustible del «Jessica». Guardacostas estadounidenses han conseguido vaciar los tanques del carguero y ahora el objetivo es controlar la marea negra que ya ha afectado a 30 pelícanos. Especies más emblemáticas, como las tortugas gigantes, no corren un peligro inmediato, pero pueden sufrir los fatales efectos a largo plazo.
FRANCISCO DOMÉNECH