Pese a su popularidad, el cansancio y los problemas con las drogas de Antonio condujeron a Nacha Pop a su disolución y fue con dos conciertos en la sala Jácara de Madrid en 1988 cuando dijeron adiós.
Ni el agua ni el frío pudieron con los músicos de la orquesta y con una legión de miles de incondicionales que llegaron incluso de fuera de la comunidad gallega