En 1994, la Autoridad Portuaria aprobó una concesión para Petrovigo en Bouzas. El proyecto sembró la alarma en toda la ría. Se trataba de una macroterminal de abastecimiento de combustible con capacidad para 92.000 toneladas que atraería a grandes barcos.
Nadie sabe cuántos Prestiges podrían haber pasado por las instalaciones. Y nunca se sabrá. Hoy, de aquella aventura sólo queda el permiso para pequeños depósitos y surtidores repartidos por distintos puntos del litoral vigués.
Diego Pérez