José Antonio Pérez Gesto, el único que llevaba el cinturón puesto, recuerda cómo sus cuatro amigos salieron por el aire Iban a tomar unas copas a Paiosaco, pero los bares estaban cerrados y se metieron por la A-55 hacia Arteixo. No llegaron. El coche en el que viajaban los cinco amigos se salió de la calzada. Cuando paró de dar vueltas sólo José Antonio Pérez Gesto estaba dentro, pegado a un asiento, en medio de un amasijo de hierros que empezaba a arder. Se levantó y salió fuera, tenía un corte en un brazo y otro en la ceja. Sus cuatro amigos salieron volando cuando el auto daba vueltas y vueltas en el aire. «Vin o que ía pasar, pero non tiven tempo nin de abrir a boca; recordo os golpes, as voltas e que o meus amigos estaban tirados na estrada e que non podían estar vivos». Ahora no sabe cuándo volverá a subir a un coche.
EDUARDO EIROA