Pese a la lluvia y a la avería del sistema semafórico no se produjo ningún accidente de tráfico en el casco urbano Unos fuegos artificiales ajenos al programa de fiestas asombraron ayer a los coruñeses. A las nueve menos diez de la noche, la ciudad se quedó a la luz de las velas y de los relámpagos, que cayeron a decenas. Cuarenta minutos permaneció en las sombras la mayor parte de A Coruña. Los semáforos dejaron de guiñar sus ojos y sembraron el caos en el tráfico. Las tapas de las alcantarillas volaron como en las películas norteamericanas de acción. Y hablando del celuloide, las sesiones se interrumpieron en los multicines Chaplin. Ni el Millennium se libró: dos rayos apagaron su brillo acristalado durante unos segundos.
REDACCIÓN