La joven pontevedresa deportada a Senegal desde Lisboa regresó ayer a Galicia pero sin su compañero ni las hijas de éste Con una mirada que aunaba cansancio e indignación, Ana María Soto González, la pontevedresa deportada hace una semana por las autoridades portuguesas a Senegal, regresó ayer por la tarde a su casa de Pontevedra. Su retorno estuvo, no obstante, marcado por la tristeza. Su compañero sentimental, natural de Sierra Leona pero nacionalizado español, y las dos hijas de éste, de 15 y 14 años de edad, se vieron obligados a permanecer en la capital africana de Dakar. Y es que la burocracia impidió que la embajada tramitase unos visados para las dos adolescentes, una situación que, según indicó esta mujer, se podría solucionar con una simple llamada telefónica del subdelegado del Gobierno de Pontevedra, Alejandro Millán Mon.
LÓPEZ PENIDE