No podemos menos de reafirmarnos en nuestra idea de que, en la medida en que la realidad general se impone con toda su crudeza, el Amigo del Lector recibe cada vez más reclamaciones por parte de quienes verdaderamente las necesitan, en la actualidad -e iba siendo hora- casi siempre de personas que no son o, mejor dicho, que no eran nuestras coterráneas. Seguramente la marea de emigrantes gallegos, ultramarinos o «europeos», lo entenderán muy bien. En todo caso deberían entenderlo y compartirlo solidariamente. Los que se sienten discriminados son descendientes de gallegos y cuentan su triste experiencia, «allá o acá». En tiempos de malos vientos que pretenden girar al pasado, estos testimonios merecen al menos atención.
ARTURO LEZCANO