El éxito en la maniobra de aproximación maquilla anteriores fracasos de la NASA y despeja el camino de la exploración marciana Marte tiene desde ayer un nuevo satélite artificial, la sonda estadounidense «Mars Odyssey», que buscará agua en su superficie. Tras doscientos días de viaje interplanetario, llegó ayer a su destino y superó con éxito la operación de frenado, que depositó a la nave en la deseada órbita marciana. La tensa espera de veinte minutos, durante los que el planeta rojo hizo «sombra» y cortó la comunicación, finalizó con una explosión de júbilo en el centro de control de Pasadena (California), donde los responsables de la NASA olvidaron los anteriores fracasos y los recortes presupuestarios que amenazan la exploración científica de Marte.
FRANCISCO DOMÉNECH