La rutina del terrorismo

COLPISA WASHINGTON

INTERNACIONAL

04 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando ya han pasado casi dos meses desde los atentados del 11 de septiembre, los estadounidenses tratan de adaptarse a la rutina impuesta por los terroristas y se preguntan diariamente, al igual que los agentes federales, dónde golpearán la próxima vez. Tanto en las altas esferas de la Administración como entre las autoridades locales, no se duda de la posibilidad de un nuevo ataque, aunque nadie está en condiciones de prever sus características. «Puede suceder cualquier cosa. Debemos hacernos a la idea», afirmó el sábado Tom Ridge, a quien el presidente George W. Bush ha encargado la coordinación de la lucha antiterrorista, así como tranquilizar, con más o menos éxito, a la población. La cotidianeidad de los estadounidenses está marcada ahora por falsas alarmas, controles de seguridad en los aeropuertos y patrullas policiales en el metro. Los puentes colgantes se han convertido en motivo de temor desde que el gobernador de California, Gray Davis, informó el pasado jueves de que había «amenazas creíbles» contra estas vías de tránsito, aunque no hasta el punto de cerrarlas al público. Quizá por ello, y para dar apariencia de normalidad, el popular maratón que se corre todos los años en Nueva York tuvo como siempre una altísima participación: 33.000 corredores. Entre ellos, y en señal de solidaridad, el ministro canadiense de Asuntos Exteriores, John Manley, que corrió con la bandera de su país.