«Paul» se salvó de una masacre

Nacho Mirás O CARBALLIÑO/LA VOZ.

SOCIEDAD

El pulpo adivino de Oberhausen fue el protagonista de la edición 48.ª de la Festa do Polbo do Carballiño

09 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Maldita la gracia que le haría al pulpo Paul, ese adivino alemán con tentáculos, presenciar el pulpicidio de sus congéneres que se comete cada año, por estas fechas, en el parque municipal de O Carballiño. De todos modos, el pulpo adivino ha sido este verano el eje de una de las exaltaciones gastronómicas más potentes de cuantas se celebran en Galicia, donde se han devorado más de 35 toneladas de comida.

«Nosotros somos de Málaga y estamos en Galicia, por una parte para huir del sol; por otra, para ir a todas las fiestas gastronómicas que podamos». Así lo explicaba Rufino Hernández, acompañado como un don Hilarión andaluz por su mujer Paquita Olmedo y su cuñada, María Olmedo, mellizas; una morena y una rubia. «A ver, que haga memoria -decía Rufino-. Ya hemos estado en el desembarco de Catoira, en la fiesta del pimiento de Herbón, ahora aquí... Dos meses dan para mucho».

El parque de O Carballiño desbordaba humanidad. Llamaban la atención los vendedores que sacan tajada del pulpo Paul y que reprodujeron su nombre y sus patas en camisetas con los mensajes más peregrinos. A dos euros vendían el plato de madera rotulado los miembros de la Asociación de Amigos del Pulpo Paul. Lástima que en su retiro del acuario de Oberhausen no pueda el bicho pedir royalties; y lo malo es que, como adivino que es, seguro que sabe de sobra de los negocios que se están montando en su nombre.

Además del ministro de Fomento, José Blanco, al que no resulta difícil ver en cualquier otro acto público, los grandes invitados fueron los miembros de la delegación de Oberhausen. Los alemanes sacaron fotos, recibieron explicaciones y se mostraron encantados con una fiesta que sorprende incluso a los reincidentes. Según el concejal de Festas, Paco Montes, el tirón de Paul supone un 30% más de visitantes.