Tres mil personas siguieron la rapa celebrada en montes de la Costa da Morte
19 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Acercarse al Campo da Areosa no era tarea fácil ayer. La explanada en el monte Faro, en Vimianzo, en la que la Asociación Monte Faro organiza la rapa das bestas estaba hasta la bandera. Difícil hacerse con un hueco para el coche. Unas 3.000 personas, según los organizadores, se dieron cita en el lugar para no perderse una rapa que se está convirtiendo en todo un clásico. Y no solo en la Costa da Morte. La rapa es una cita obligada y quienes la preparan han trabajado para que nada falle. El curro, impecable, también la zona para comer, una parte importante de la cita. Los caballos no solo se ven, también se prueban.
Uno de los alicientes de la rapa es la fiesta gastronómica con la que visitantes y locales se preparan para los esfuerzos de la tarde. El potro guisado sigue ganando adeptos, aunque en el monte Faro todavía son más los que se lanzan al churrasco, la otra opción. Hacen mal, porque las más de 50 mujeres que se dejan la piel en los fogones tienen mano para cocinar los équidos. Algo sobró. De churrasco, nada. Fueron cerca de 1.600 los comensales que aguantaron el calor. Con vino y música para endulzar la espera hasta la llegada del momento más esperado.
Los caballos, mientras esperaban en el curro el momento de pasar por la peluquería. Acabó llegando. Los aloitadores se armaron de valor y de tijeras y se pasaron, por grupos, al curro. Más de 30 personas. Muchos jóvenes, pero también algún amante de la rapa de más de 60 años que demostró no haber perdido la maña.
Un lesionado
Rapar caballos no es tarea fácil. Si no se toman precauciones, es todavía más arriesgado. Ayer en Vimianzo uno de los aloitadores salió en ambulancia del curro con destino al centro de salud. Nada hacía pensar que el potro al que se lanzó fuera a darle problemas. Pero se expuso demasiado a las armas del animal, que acertó a encajar una coz en el mentón del joven. La lesión no fue muy grave pero, el joven perdió varios dientes en la reyerta.
El resto de la tarde transcurrió co más tranquilidad y una buena parte de los 70 caballos concentrados en el curro pasaron por las manos de los aloitadores.
Fue todo un espectáculo. Los que no lo vieron desde la grada del curro se subieron a los árboles del entorno para no perder detalle. Y es que la lucha amiga entre el hombre y el caballo tiene una innegable belleza. La tierra tiembla cuando las bestias galopan a la vez, en círculo, en el curro, para huir de los aloitadores. Los gritos y las caras de tensión dan color a la pugna, que acaba casi siempre con el animal en el suelo y muchas veces con los aloitadores también.
Hubo una parada para refrescarse a media tarde y después, vuelta al ruedo para seguir el trabajo. Son ya doce las ediciones de la rapa y cada vez más los que se animan a verla, los que quieren disfrutar de esa lucha. En la Costa da Morte es mucha la afición al mundo de los caballos y ayer quedó claro ese amor en el Campo da Areosa.
Al final de la jornada los organizadores sortearon un potro entre los asistentes, que le ha tocado al poseedor de la rifa con el número 3.770. El ganador tiene un mes para reclamar su premio.
Cansados y magullados, los aloitadores se retiraron con el deber cumplido. Las bestias volverán al monte a pasar el año, hasta que el año que viene vuelvan a bajarlas para someterlas de nuevo al ancestral rito. Seguramente alguno, eso sí, se lo pensará dos veces antes de ponerse de nuevo detrás de un caballo. Rapar no es siempre tarea fácil.