Recorren 3.500 kilómetros en bus en tres días para coger un crucero en A Coruña y volver a Noruega
SOCIEDAD
Además de los 139 noruegos, también embarcaron siete viajeros de otras nacionalidades afectados por el cierre de aeropuertos.
22 abr 2010 . Actualizado a las 14:02 h.Una odisea es lo que han tenido que soportar los 139 viajeros noruegos que optaron, ante la imposibilidad de volar desde su país debido a los problemas ocasionados por el Eyjafjalla, por realizar un viaje de 3.500 kilómetros en tres días desde su país en autobús para alcanzar ayer el crucero que habían concertado en el puerto de A Coruña y que los devolverá el martes a su país.
«Hemos perdido dos días, Lisboa y Vigo, una pena, pero hemos tenido buen tiempo y unos buenos conductores», resumía una pareja noruega, la primera que optó, ayer sobre las doce del mediodía, por abandonar el trasatlántico Vision of the Seas, para aprovechar la que debía ser la segunda escala del viaje. A esa hora, todavía se esperaba la llegada de otros dos autobuses cargados de noruegos en el muelle coruñés. En el segundo autocar, acompañando a los cruceristas, llegó la agente de viajes Kari Longva, que reconocía que el trayecto había sido «muy, muy duro».
«Muy, muy cansados»
«Los conductores noruegos son los mejores del mundo», explicaba Longva, y reconocía que aunque habían llegado «muy, muy cansados, estamos aquí y vamos a ver lo bonita que es A Coruña». Ayer habían dormido en un hotel solo dos horas y esperaban a embarcar para disfrutar de las dos piscinas y seis yacusis de un barco que los devolverá a Oslo, tras visitar El Havre (Francia) y Ámsterdam (Holanda).
En A Coruña también embarcaron siete viajeros de otras nacionalidades afectados por el cierre de aeropuertos. Si bien los 139 noruegos llegaron a disfrutar del viaje, por el que pagaron entre 865 y 1.417 euros, hubo muchas bajas en el Vision of the Seas, con capacidad para 2.435 pasajeros y en el que viajaban solo unos 700. «Así tenemos más descanso, pero es menos plata», explicaba una brasileña, integrante de la tripulación, en clara alusión a que parte de sus ingresos se deben a las propinas y que, cuando los cruceristas fallan, sus salarios se ven mermados. «Hay muy poco ambiente, el barco está muy vacío, quizás así nos atiendan mejor», comentaba en un tono pícaro una turista peruana, que, junto a una amiga, se había desplazado desde Estados Unidos para realizar ese crucero. Reconocía que en su caso no tuvieron problemas con los vuelos, aunque apuntaba que si se vieran afectadas en el regreso ampliarían sus vacaciones.