Con Honduras como etapa intermedia, Xavier Lovelle prepara un proyecto para cuatro países africanos, tras dos años en Guinea Bissáu trabajando en la mejora sanitaria
29 mar 2010 . Actualizado a las 14:56 h.Existe una rama de la psicología denominada comunitaria. Su teoría apunta a que el bienestar de un individuo está en relación con la fortaleza de las redes que se establecen y el acceso a los recursos de la comunidad a la que pertenece. En Europa hace siglos que se llegó a esa fase, de la que derivó el Estado de bienestar. En África, en los países subdesarrollados, «aínda se está nese proceso, polo que todo se fai moi interesante». Xavier Lovelle hace más de dos años que decidió abandonar la psicología clínica y social para dedicarse al mundo de la cooperación. Pero cuenta que una de las motivaciones que le llevaron al sur fueron, precisamente, las conclusiones de la psicología comunitaria.
En Guinea Bissáu, hablar de este tipo de teorías puede quedar lejos. Es uno de los tres países más pobres del planeta (solo por delante de Burkina Faso y Sierra Leona), con una esperanza de vida que no llega a los 46 años, un 40% de personas desnutridas, 7 de cada 10 sobreviviendo con menos de dos dólares al día y apenas doce médicos por cada 100.000 habitantes (en España son unos 330). «Os portugueses foronse de aquí deixando máis dun 90% de analfabetismo, e un país así non muda en trinta anos». En ese lugar arrancó la experiencia internacional de Xavier hasta hace unas semanas. Ahora está un mes en Honduras, elaborando varios proyectos, pero en breve volverá a Guinea para preparar un plan de cuatro años en otros tantos países africanos.
«O 99% dos estranxeiros que estamos alí somos de ONG, hai centos delas, eles [la población local] saben que vén un branco, co que algo se vai facer na súa comunidade, e piden cousas, ás veces absurdas, descoñecendo a complexa cadea que hai entre o financiador e a súa aldeíña», explica.
Cuando aterrizó, Xavier dice que esperaba «unha realidade moito peor, e atopeime cun país cun estilo de vida penso que parecido ás aldeas españolas dos ano corenta». El proyecto en el que durante 24 meses participó, y que aún continúa, trataba de mejorar los servicios sanitarios de una población con una de las mayores tasas de mortalidad infantil (124 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos) y apenas 35 de cada 100 partos atendidos por personal médico. Trabajando siempre con la Asamblea de Cooperación pola Paz (ACPP) en un programa con varios financiadores (desde la AECID hasta gobiernos autonómicos), el programa consistía en la construcción de infraestructuras sanitarias, equipamientos con material sanitario y medicina, formación para enfermeros, matronas, creación de protocolos para la evacuación de enfermos en ambulancias...
Cuatro horas andando
Todo ello estudiando previamente las necesidades, buscando fondos, realizando un seguimiento del trabajo que realizan las organizaciones locales (la ACPP trabaja siempre con contrapartes) y de la ejecución del dinero. ¿En qué se traduce todo eso? Fácil: «Nunha aldea que está no medio da selva antes a xente tiña que andar catro horas, por exemplo co fillo ao lombo, para chegar ao centro de saúde máis próximo, para logo escoitar que alí non hai medicinas. Agora esa poboación ten un centro de saúde con equipamento e medicinas, e no caso de ser algo grave, unha ambulancia para poder levar ao enfermo».