Vecinos de Pol y nativos que residen fuera se reunieron ayer en una carballeira para celebrar la Festa do Emigrante, que es la principal cita anual del municipio
25 ago 2009 . Actualizado a las 11:02 h.Pocas cosas habrá más genuinamente gallegas que una reunión familiar y vecinal al calor de una copiosa comida. Así ocurrió ayer en el municipio lucense de Pol, donde la gran cita anual, instaurada hace más de 20 años, es la Festa do Emigrante, concebida como un punto de reunión de los nativos que viven en el ayuntamiento y de los que se fueron marchando a otras zonas de España o del extranjero, pero aún sienten la llamada de la tierra.
La fiesta, ya que estamos en Galicia, rinde culto a la comida mezclando raíces y apertura. Estaba anunciado, como así ocurrió, que el ingrediente estelar del día fuese una multitudinaria paella en la que no faltase de nada: había mejillones, langostinos, gambas y carne de cerdo y de pollo para acompañar a los casi cien kilos de arroz que se emplearon. Pero como estamos en Galicia, origen de los asistentes, hubo una concesión a los sabores autóctonos. Por ello, se sirvió también un caldo en el que a las patatas y a la verdura no les faltó el unto para lograr sabor y consistencia.
La fiesta, implantada hace 26 años, cumple buena parte de los requisitos de una romería campestre. Se celebra en la carballeira de Mosteiro -capital del municipio, situado en la parte oriental de la Terra Chá-, y los que acuden, además de saborear la comida que reparte gratuitamente el Concello, van desde sus casas con sus propias viandas: empanada, lacón y tortilla son manjares habituales en una jornada como la de ayer.
Bombas de palenque
Otra muestra del arraigo popular de la fiesta es que suelen acudir vecinos de las 19 parroquias integrantes del término municipal. Avisos para recordar la celebración no faltan, ya que es tradición que en cada una de ellas, a las nueve de la noche de la víspera del festejo, se lancen seis bombas de palenque para anunciar la fiesta del día siguiente. El alcalde, Lino Rodríguez, no ocultaba la satisfacción por la asistencia de público en un día en el que el sol se mostró poco combativo y acabó vencido por las nubes y la lluvia: «Imaxina o que supuxo para min ver a carballeira a tope de xente e de merendas...», dijo a media tarde.
Al alcalde, que preside la corporación desde el 2007, se le debe la idea de introducir la paella, gratuita para los asistentes. Lo que se buscaba, como recordaba ayer, era algo que resultase a la vez llamativo y agradable para todos los paladares.
Llamativo es también ver cómo, año tras año, el antiguo palco de la fiesta se va decorando con la placa correspondiente a cada edición. El descubridor es el pregonero, cometido que este año correspondió al periodista y profesor Xosé López, natural del municipio.
La celebración de fiestas como la de ayer en próximos años acabará por llenar de placas toda la pared y obligará a buscar otro emplazamiento para los materiales que recuerden la cita. Mientras tanto, la preocupación de ayer por la tarde era ver que escampaba para poder preparar la queimada y gozar de la actuación de los grupos musicales que cerraban la jornada.