Los investigadores examinaron los genotipos de casi un millón de plantas en Norteamérica
07 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La pontevedresa María Cinta Romay, miembro de la Misión Biológica de Galicia del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), es la única integrante española del equipo que ha descifrado en Estados Unidos la arquitectura genética que regula la floración del maíz.
El hallazgo, que acaba de ser publicado en la revista Science , permitirá calcular el tiempo de floración de cada línea de la especie, mientras que el método empleado en el trabajo posibilitará el estudio de otros caracteres complejos de esta planta, lo que favorecerá mejoras en seguridad alimentaria y una producción más sostenible.
El trabajo, dirigido por el genetista estadounidense Edward Buckler, demuestra que la floración del maíz no depende de unos pocos genes que interactúan entre sí, sino que es el resultado de la acción de un gran número de ellos con pequeños efectos aditivos. Es decir, que suman su aportación, pero sin interactuar. Además, los efectos ambientales, como el frío o el calor, tampoco tienen un papel preponderante en la floración. Esos dos puntos diferencian precisamente a esta especie de otras como el arroz, en las que sí se aprecian efectos climáticos importantes y una interacción genética.
Los investigadores examinaron los genotipos de casi un millón de plantas en ocho localizaciones de Estados Unidos. El modelo genético aditivo puesto de relieve por el estudio permitirá predecir adecuadamente el tiempo de floración de cada planta, lo que puede llegar a ser una herramienta de gran utilidad para los agricultores.
A partir de 25 líneas puras
Para realizar el estudio, los investigadores emplearon una técnica llamada mapeo de asociación anidado. Para ello seleccionaron 25 líneas puras de maíz que recogían buena parte de la variabilidad existente en la especie y las cruzaron con la B73, cuyo genoma está prácticamente secuenciado. A partir de ese cruce se obtuvieron 5.000 líneas recombinantes: plantas de nueva generación creadas a partir de dos formas puras y que combinan las características de ambas.
Esta técnica proporciona una potente herramienta genética que permitirá el estudio de otros caracteres complejos de la planta y conseguir estudios que podrán aplicarse para mejorar la seguridad alimentaria o hacer que la producción de maíz sea más sostenible.