La alternancia de períodos desapacibles con tiempos de estabilidad fue característica esta primavera. Pero la variabilidad se produjo con cambios realmente bruscos, y en la misma estación hubo fenómenos propios tanto de invierno como de verano.
Aunque la primavera entró a finales de marzo con tiempo estable, esta situación duró poco. El día 28 la llegada de una masa de aire marítimo procedente del Ártico ocasionó un descenso de temperaturas y llevó la cuota de nieve por debajo de los mil metros. Algo similar volvió a ocurrir entre el 9 y el 11 de abril, cuando bajó de nuevo la posibilidad de nieve a mil metros. Lo más llamativo se dio en la jornada del día 17, cuando se avistaron dos tornados, en Sada y Oia.
El resto de abril mantuvo la alternancia entre tiempo frío y lluvioso con jornadas secas y cálidas, patrón que se repitió a lo largo de mayo y en la primera quincena de junio. Fue tal la variabilidad que en apenas unos días se podía echar mano otra vez del paraguas como tomar el sol en la playa.