El príncipe Ernesto Augusto de Hannover, esposo de Carolina de Mónaco, compareció ayer ante un tribunal alemán para defender su honor en la revisión del proceso en el que fue condenado por la paliza que presuntamente propinó al dueño de una ruidosa discoteca en Kenia, en el 2000. En los últimos años, el príncipe ha mantenido múltiples pleitos, pero hasta ahora siempre había estado representado por sus abogados. En esta ocasión, se presentó sonriente ante la Audiencia de Hildesheim, convencido de que logrará hacer imponer su tesis de que dio un par de bofetones al propietario de la discoteca pero no lo dejó malherido. El príncipe fue condenado en el 2004, tras varios recursos, al pago de una multa de 445.000 euros por la agresión que sufrió el dueño del local, que tuvo que ser ingresado en un hospital. El incidente ocurrió durante unas vacaciones familiares del príncipe en Kenia.