El chivato que revela la voracidad de las células que el cáncer enloquece

J. C.

SELECTIVIDAD

20 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Un individuo, en reposo, apenas consume energía. Tumbado en una camilla, levemente sedado, la glucosa (un alimento que ninguna célula rechaza) recorre su organismo sin ser casi consumida. Sin embargo, cuando esa glucosa llegue a las células cancerosas será devorada como si fuera la última que ese cuerpo fuese a deglutir. Esa actitud de voracidad incansable en las enloquecidas células cancerosas es la que quedará claramente registrada en las fotografías que hace el PET gracias a que ha sido marcada con elementos radiactivos.

Esta técnica de diagnóstico del cáncer es la más avanzada que existe y figura desde el año pasado como una prestación en el servicio de oncología. Eso ha provocado que las solicitudes se hayan disparado. «El diagnóstico PET no sirve ni para todos los pacientes ni en todos los momentos», explica la doctora Aída Sánchez, del Clínico de Santiago. La selectividad de la prueba es, por tanto, básica para su funcionamiento razonable.

Veamos un caso prototípico en el que la prueba PET es imbatible: un paciente que ha sido diagnosticado y tratado se recupera del cáncer. Sin embargo, en el proceso de seguimiento, aparecen en su análisis de sangre unas sustancias que únicamente los tumores tienen la capacidad de segregar: los marcadores tumorales. Una tomografía axial (TAC) difícilmente localizará la fuente de esos marcadores o su diagnóstico, pero un PET los fijará en el organismo del paciente e incluso podrá determinar su patrón, si son benignos o no.

Los pacientes que acceden al único PET gallego de titularidad pública reciben una dosis del radiofármaco y luego deben esperar en reposo durante aproximadamente una hora. Ese proceso de reposo es fundamental para que la prueba sea efectiva y muchas veces se complementa con una ligera sedación para evitar que el paciente se incomode o se ponga nervioso, de modo que, al entrar en el anillo donde se efectuará la prueba, que dura alrededor de cincuenta minutos, su nivel de consumo de glucosa sea el mínimo posible.

Múltiples ventajas

«En realidad, el PET no sustituye a casi nada -aclara la doctora Sánchez-, pero permite seleccionar mejor a los pacientes; evita cirugías, ya que puede mostrar que la enfermedad se ha extendido más de lo que una intervención podría solucionar, o puede aconsejar el cambio de tratamiento».

La prueba tiene otro inconveniente para desaconsejar su prescripción masiva: la radiación que recibe el paciente es mayor que si le hicieran cuatrocientas radiografías. Al menos, sus resultados ofrecen más alegrías que tristezas: «Más del sesenta por ciento de los tumores que vemos en el PET son procesos benignos». De este modo se soluciona una de las grandes congojas que rodean al cáncer: la incertidumbre del paciente.