La piedra angular del plan para modernizar el diagnóstico del cáncer en Galicia es el ciclotrón de Santiago, una instalación que ha merecido la construcción de un edificio entero para albergarlo y un presupuesto inicial que ya superaba los cuatro millones de euros. Probablemente, cuando fue anunciada y licitada con la importancia que merecía, nadie imaginaba lo complejo de su construcción.
El 7 de junio del 2005 llegaba desde la ciudad sueca de Uppsala la estructura de 20 toneladas esencial para la elaboración de los radiofármacos. Para entonces, un sólido búnker de hormigón ya estaba construido para instalar el ciclotrón. Por primera vez en España, una instalación de este tipo se ponía en marcha con financiación pública.
Pero ¿qué es un ciclotrón? Básicamente un acelerador de partículas que produce isótopos radiactivos. Esos isótopos son los que se revelan posteriormente en la prueba PET, combinados con la glucosa que se inyecta al paciente y que viaja por su organismo.
La puesta en marcha de la instalación de Santiago preveía abastecer de radiofármacos, no solo al Clínico de Santiago, sino al resto de las unidades de Galicia, a otras comunidades limítrofes e incluso al norte de Portugal, dada la vida limitada de estos radiofármacos.
Los problemas en la construcción empezaron a generar retrasos desde el primer momento. La primera fecha comprometida para su arranque fue el primer semestre del 2005, y el último retraso, cuando ya existe incluso personal trabajando en la elaboración de los fármacos, está vinculado «a un problema na climatización que dá servizo aos laboratorios». La alta cualificación del servicio ha provocado que Sanidade prefiera asumir un nuevo retraso que arriesgarse a modificar la climatización con el ciclotrón ya en funcionamiento.
Su arranque definitivo no está previsto que sea inminente. Según la Xunta, aún está pendiente la ejecución de un contrato, licitar y adjudicar otro que tiene un plazo de ejecución de varios meses.