Cuando los militares ordenaron la desaparición de Urbano López, Rodolfo todavía se encontraba en el seno materno. El pasado mes de septiembre la familia López Luppo al fin pudo cerrar y «completar con dignidad» una historia que la ha acompañado toda su vida. Un caso tristemente compartido por miles de familias argentinas, pero también españolas. Rodolfo (Buenos Aires, 1977) es médico de cuidados intensivos y atiende cada martes como voluntario de Médicos del Mundo a personas sin hogar en distintos puntos de la ciudad porteña.
-¿De qué manera le contaron la historia de su padre?
-A través de mi madre, de compañeros de militancia de mi padre y de los recuerdos de mi abuela y de mi tía me transmitieron la imagen de alguien inteligente, solidario y con un estricto sentido de la justicia. Una persona valiente y comprometida con su época, que ponía los intereses colectivos delante de los personales.
-¿Cómo ha influido su figura a lo largo de su vida?
-En la niñez no podía comprender el hecho de la desaparición, y menos sus razones. Durante la adolescencia pasé por una etapa de enojo por creer que sus decisiones habían derivado en que no estuviera presente, cargándole a él la culpa de su desaparición. Luego entendí que fue un hombre de enorme coraje, capaz de sentir la injusticia ajena como propia y con la voluntad de intentar cambiar esa realidad injusta, aun a costa de su propia vida.
-¿Tuvieron algo que ver los ideales de su padre en su decisión de ser médico o de atender a personas en la calle?
-Esa cualidad de sentir el sufrimiento ajeno e intentar paliarlo cuando se puede, o por lo menos de estar presente, dar la cara por la sociedad, que tiende a invisibilizar a los pobres, a los enfermos, evidencia la injusticia social que genera el sistema? Sí, tiene mucho que ver.
-¿Cómo le comunicaron que los restos habían sido identificados?
-Inicialmente fue una llamada telefónica de Mercedes Salado Puerto invitándonos a que nos acercáramos a las oficinas del Equipo Argentino de Antropología Forense, y allí ella misma y Maco Somigliana nos contaron con calidez y humildad todo el trabajo que concluyó con la identificación.
-¿Cómo ha cambiado su vida desde que conoció la noticia?
-Positivamente, sin duda. Esto es reparador para nuestra familia, pero también para la sociedad.
-¿Qué significa para usted y para su familia que su padre y el abuelo de sus hijos haya sido identificado?
-Saber, por más que duela, saber y poder contarles, completar la historia. Revalorizar ideales, darles un destino digno a los restos de un hombre digno.
-¿Tiene esperanzas de que con la identificación del cuerpo de su padre otras causas lleguen a buen puerto?
-Confío en la Justicia, el único inconveniente es el tiempo. Por desgracia, los responsables de tantos crímenes no son extraterrestres, envejecen y muchos de ellos mueren sin conocer condena (sí condena social, que también es importante). A su vez, muchos familiares de víctimas, sobre todo madres y abuelas, también envejecen y mueren sin ver que se hizo justicia.
-¿Cuál fue la versión oficial que dieron los responsables de la desaparición de su padre?
-No hubo versión oficial, ni acusaciones ni juicio. Lo único que hubo fue secuestro, probablemente tortura y, ahora lo sé, fusilamiento.