¿De verdad existe el Obradoiro?

M.G. Reigosa

SANTIAGO

09 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El Obradoiro de la LEB firmó una temporada ejemplar. Todo salió redondo porque todos los estamentos sintonizaron el mismo dial y empujaron en la misma dirección, sin celos, sin recelos, con la fe del carbonero. El equipo ganó partidos, la afición disfrutó en grado superlativo y la economía funcionó como un reloj suizo, en puntualidad y eficacia. El Obra de la ACB, a día 8 de agosto, parece sumido en un estado de narcolpesia que no es tal pero que resulta difícil de entender. El trabajo para confeccionar la plantilla avanza a buen ritmo, aunque a más de uno le cueste creerlo; de la política de precios para los abonos y las acciones se conoce la filosofía pero no los detalles; si el aficionado se acerca a las oficinas por la tarde no encuentra interlocutor, y si lo hace por la mañana no hallará respuestas porque hay muchas cosas avanzadas pero no concretadas; lo del cuerpo técnico debe ser algo similar a aquello de que vivo sin vivir en mí. Lo único que no cambia en el Obradoiro son la paciencia y la fe, infinitas. Pero cabe esperar algo más tangible. Como decía Cela, no es lo mismo estar durmiendo que estar dormido.