El agua alcanzó los 60 centímetros en locales y un garaje

Margarita Mosteiro Miguel
marga Mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Los propietarios y residentes de la rúa Frei Rosendo Salvado se llevaron la peor parte del suceso, que mantuvo en jaque a los servicios de emergencia de Santiago y a los de la empresa concesionaria del servicio de agua Aquagest desde poco después de las cuatro de la mañana. Los sótanos y los bajos de la rúa Frei Rosendo Salvado están a la misma altura que las canalizaciones de la avenida Vilagarcía, y de ahí que el agua minara lentamente el subsuelo hasta acabar inundando los sótanos y bajos comerciales de la rúa.

En la tienda de ropa Joslu casi no se lo podían creer. En el sótano del local guardan la mercancía de la próxima temporada primavera-verano recién llegada. «Todo llegó el viernes y se puede mirar, la marca en la falda dice a dónde llegó el agua», comenta Fina, mientras enseña una de las piezas recién llegadas. En el sótano de su local las cajas con mercancía aún sin desembalar nadan sobre el agua. La cinta métrica indica que la inundación llegó hasta los 60 centímetros.

Sin daños en la estructura

Junto a este local, la responsable del pub Tupperware, Ana, no podía contener las lágrimas al ser preguntaba si es suya la pared que cedió en el sótano. «Así es, tenía que ser mía, qué mala suerte. La pared que tenía que caer es la mía. No me lo puedo creer, no quiero ni mirar. Es un desastre». Precisamente, el mal estado de este muro hizo correr entre los residentes el rumor de que los cimientos de los edificios podían estar dañados. Jesús Martínez, jefe de Bomberos de Santiago, descartó cualquier daño en los inmuebles y aseguró que «non hai columnas dañadas, ni cimientos ni nada; los rumores no tienen sentido».

En el garaje, según explicaron los bomberos, el agua alcanzó unos cincuenta centímetros en ambas plantas. Este nivel hizo que los daños en vehículos se limitaran a los tapizados sin que, aparentemente, se vieran dañados los motores. Aunque deberá esperarse a las revisiones en los talleres para determinar los partes definitivos. Muchos propietarios sacaron sus coches por su propio pie antes de las seis de la mañana después de ser alertados por la Policía Local, los bomberos o por otros vecinos.

A las seis de la mañana solo quedaban seis coches y una moto, cuyos propietarios no habían sido localizados. El propietario de un coche de alta gama fue llevado a caballito por uno de los bomberos para que pudiera comprobar el estado de su vehículo y retirarlo del garaje.

«La mercancía dañada llegó el viernes. La marca está a 60 centímetros»

Fina

«Así es, la pared que se cayó es la de mi local. No me lo puedo creer, no quiero ni mirar»

Ana

Hostelera del Tupperware