Las grandes ruinas condenadas a desaparecer resisten a la piqueta

SANTIAGO

18 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Al margen de las numerosas viviendas en ruinas que se pueden encontrar en Santiago, hay edificios que, por la importancia o el movimiento que tuvieron en su día, impresionan a quien los descubre completamente abandonados, pendientes a menudo de operaciones urbanísticas que se hacen esperar.

La principal ruina de Compostela es el viejo edificio del Hospital Xeral. La idea de reconvertirlo en un centro geriátrico no cuajó. Propiedad de la Universidade de Santiago, ahora el Concello compostelano quiere negociar el futuro de este monstruo con el nuevo equipo rectoral que sea elegido el próximo mes. En todo caso, el Ayuntamiento es el primer interesado en que lo que se saque, bien del edificio, bien del terreno, revierta en los propios servicios universitarios y, concretamente, en el proyecto Campus Vida. Mientras, el inmueble central se ha convertido en morada ocasional de personas sin techo y cualquier cosa de valor que pudiera haber dentro ha sido convenientemente saqueada. Días atrás, unos chavales provocaban un incendio en el interior. El fuego es el principal enemigo de estos edificios abandonados, y los bomberos han tenido que acudir prácticamente a apagar algo en cualquier edificación de estas características. Ha ocurrido también en lo que queda del cine Avenida, donde todavía se pueden ver restos de butacas y el rastro que dejó el cartel que anunciaba la sala. El local vivió tiempos mejores y peores, etapa porno incluida, antes de morir definitivamente. Las ruinas de la sala están pendientes de demolición. El edificio se asienta en lo que un día será un polígono residencial de titularidad privada, dentro del proyecto diseñado por el arquitecto César Coll para unir las dos márgenes de Romero Donallo. El montículo donde estaba el cine será rebajado casi a nivel de la calle y dará lugar a una plaza. ¿Para cuándo? Ni se sabe.

Las antiguas naves de Koipe, detrás de la estación del ferrocarril, son de propiedad municipal. Abandonadas desde hace años, el Concello compostelano se las compró al grupo SOS y, de momento, según confirmó el alcalde, no está en sus planes demolerlas.

El recinto está cerrado y, aunque ocasionalmente hay quien consigue colarse, no corre peligro de venirse abajo. El solar que ocupan se utilizará algún día para construir la estación de autobuses, dentro del complejo intermodal en el que confluirán el AVE, el ferrocarril convencional y los autobuses urbanos e interurbanos.