Barreiro ha sido la cabeza visible de las autoescuelas en Santiago en las últimas décadas. En su etapa de presidente de la Asociación de Autoescolas de Santiago y vicepresidente provincial, tuvo que lidiar a menudo con las instancias administrativas para conquistar mejoras para el sector. Es un gran amante de los coches y del volante, lo confiesa sin tapujos, pero sabe donde vive: «Nunha cidade como Santiago non se necesita coche. Aquí as distancias son moi curtas. Vivindo nun barrio como Sar estás a dez minutos de calquer sitio de Santiago». ¿Pero no hay un excesivo número de coches en esta ciudad? «Si». Taxativo.
Una de las cosas que Manuel elogia de esta ciudad es la construcción de las grandes vías circunvalatorias como el periférico, que llegó junto a la importación de glorietas «ben feitas». Hasta para los alumnos de las autoescuelas fue muy importante ese vial «porque lles ensinabas aos alumnos a moverse sobre varios carrís». Antes había que rodar por calles conflictivas como mucho tráfico y poco adecuadas como la rúa de San Pedro, con doble dirección.
A muchos, cuando se les interroga sobre los encantos de Santiago, les invade la duda. Hay mucho donde elegir: «É moi difícil dicir o que máis me gusta de Santiago, porque por calquer sitio encóntraste con lugares emblemáticos. Atráenme moito a praza do Obradoiro ou Fonseca. Santiago é bonito no seu conxunto», comenta Manuel.