Una colombiana con billete para Lavacolla denuncia que Ryanair la dejó en tierra «por discriminación»
SANTIAGO
Nació en Colombia hace 37 años, si bien durante los últimos seis ha residido legamente en España. Se llama Liliana Fonseca, trabaja en Valencia, su novio vive en A Coruña y el 19 de enero se le atragantó el desayuno. En la mañana de aquel sábado, como había realizado en otras 20 ocasiones desde el 2005, se dirigió al aeropuerto de la capital del Turia para tomar un vuelo de Ryanair con rumbo a Compostela. «Iba a ver a mi pareja, solo que vía Santiago, porque es más barato y no hay que hacer escala en Madrid», narró ayer para La Voz. Portaba sus NIE (número de identificación de extranjeros) y su pasaporte colombiano, ambos en regla, así como un billete oficial adquirido por 112,22 euros a través de Internet, bajo la modalidad de Check'n go, que agiliza los trámites al evitar al usuario las colas de mostrador. Pero se quedó en tierra; «por discriminación», defiende ella, quien ya ha denunciado el caso ante el Gobierno levantino.
«Yo estaba ya en la puerta de embarque, cuando el encargado de revisar la documentación me pidió el NIE y luego, el pasaporte», comentó. «Aunque todo estaba en regla -abundó-, me prohibió subir al avión, dándome como única razón que el NIE no les valía y que mi pasaporte era de Colombia, que no servía para Check'n go, lo cual es una práctica discriminatoria, ilegal y de la que nunca nadie me había informado. Luego me dirigió a facturación, aunque yo no tenía maletas, y allí me repitieron lo mismo, añadiendo que, si tenía quejas, comprase el pasaje en otra compañía. Y que no me devolvían el dinero». «¿Desde cuándo una compañía decide qué documentos emitidos por un Estado valen o no valen?», concluyó su relato.
¿Cómo se sintió entonces? «Impotente, engañada, discriminada por mi nacionalidad. Jamás en mi vida, en ninguna parte del mundo, ni en Estados Unidos, había tenido un problema así. Y más con un vuelo nacional. ¡Menuda locura!», respondió la pregunta.
Frustrado su fin de semana romántico en la ciudad herculina, Liliana regresó a casa y mató la rabia repasando una a una las condiciones del contrato de compraventa del billete electrónico, para satisfacción personal. «Página por página -recordó- comprobé que yo tenía razón en todo, y entonces decidí protestar formalmente; además, estoy segura de que esto le pasa a mucha más gente».
Ya el 25 de enero, formuló ante los servicios de atención al consumidor de la Generalitat una reclamación que termina demandando de Ryanair el abono del dinero invertido en el pasaje y «una indemnización por daños morales», según puede leerse en el pliego.
Consultada ayer, la portavoz de la low cost irlandesa en España declinó desmentir a Liliana, aduciendo que desconocía los detalles del asunto. Sin embargo, proclamó: «Nosotros aceptamos todos los pasaportes válidos. ¿En qué cabeza cabe que vayamos a rechazar a alguien por su origen o condición? Por favor...».