Y él solo vuelve a latir

La Voz

VIGO CIUDAD

16 ene 2009 . Actualizado a las 17:33 h.

Un corazón sin sangre es una masa amarillenta. Durante el tiempo que dura la intervención permanece a baja temperatura. Para que no se dañe, el anestesista lo trata con cardioplejia. Se le suministra una sustancia que lo conserva mientras está parado y no tiene sangre.

Después vivirá un momento clave, cuando toque restablecer la circulación. Siempre se intenta que sea espontánea. Cuando se vuelve a introducir la sangre en el corazón, en nueve de cada diez casos el propio músculo vuelve a latir él solo, sin ayuda externa. Cuando no lo consigue, es necesario un marcapasos. En casos extremos, se recurre al choque eléctrico.

En el mes de diciembre se cumplieron 50 años desde que en España se realizó la primera intervención a corazón abierto. Por eso, esa circunstancia casi mítica en el imaginario de los pacientes, hoy es una rutina en el trabajo de los cirujanos. El tórax permanece abierto en la gran mayoría de las operaciones de corazón gracias a la máquina de circulación extracorpórea, que hace de corazón y de pulmón. Eso no quiere decir que no comporte riesgos. De hecho, en algunos casos no se puede operar.

Pero el avance en la complejidad de las técnicas ha permitido operar a personas cada vez mayores. En el Meixoeiro de Vigo, los enfermos tienen una edad media de 69 años que sube sin parar.