Algo rechina

Luís Ventoso

PONTEVEDRA

06 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Hechos probados: la noche del 14 de septiembre del 2007, José Carnero, de 50 años, sale del club de alterne Tosca, en Ourense, y se sube a su Seat Córdoba con la profesional Pilar Palacios, de 35 años, casada y madre de un niño. Tres días después, dos vecinos acuden a ver a Carnero a su casa, en una aldea de Sober. No está. Pero en la cuadra hallan el cadáver de Pilar, muerta a golpes. Hay un hacha y una maza con sangre de la víctima. Luego aparece también una camisa con restos de ADN de Carnero y sangre de la mujer. El hombre, de inteligencia baja y medicado por problemas mentales, ha desaparecido. Las fuerzas de seguridad inician su búsqueda. Lo encuentran dos días después en Pontevedra, porque ha sufrido un accidente de tráfico.

Juicio con jurado popular, ¡tres años y medio después de los hechos!, tiempo que Carnero ha pasado en la cárcel. El fiscal pide 17 años por asesinato. El jurado lo declara inocente. Queda libre. Días después, le confiesa a Carlos Cortés, un excelente periodista de La Voz, cómo cometió el crimen.

Imposible no hacerse preguntas: ¿realizaron minuciosamente su trabajo la Policía Científica y la Fiscalía? ¿Cómo es que ante indicios tan rotundos no pudieron cerrarse pruebas concluyentes de la autoría? ¿La investigación y el proceso se habrían desarrollado igual si en lugar de una anónima chica de club la víctima fuese una persona conocida? ¿Qué hacía libre y desatendido un hombre desestabilizado que reitera públicamente que ha cometido una agresión brutal?

Seguro que todo ha sido jurídicamente impecable. Y seguro también que la sentencia supone una bofetada al sentido común y una ofensa a la víctima y sus deudos.