La nueva ordenanza destierra el botellón del casco histórico

L. Penide / C. Casares

PONTEVEDRA

La primera jornada de aplicación de la normativa se saldó sin sanciones por beber en espacios públicos

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La nueva ordenanza antibotellón surtió efecto. En su primera noche de aplicación, la del viernes al sábado pasados, el botellón fue totalmente desterrado del casco histórico pontevedrés.

No obstante, tal y como reconoció ayer el concejal de Seguridade Cidadán, Guillerme Vázquez, el Concello es consciente de que el éxito de la medida fue, en buena parte, consecuencia de que no había tantos jóvenes como otras madrugadas de viernes por la zona monumental capitalina. De hecho, al espacio habilitado en el recinto ferial a modo de botellódromo apenas acudieron unas pocas decenas de personas, algunas movidas más por la curiosidad de la iniciativa que por las ganas de echarse unos tragos. En este sentido, la Policía Local contabilizó que habrían acudido, de manera escalonada, cerca de un centenar de personas a esta área de esparcimiento.

Desde primera hora de la noche, un fuerte dispositivo policial controló, en palabras de Daniel Macenlle, jefe del cuerpo municipal de policía, las «zonas más sensibles y más castigadas por el botellón». De este modo, unas siete patrullas de la Policía Local, más otras tres del Cuerpo Nacional, así como agentes de paisano de ambos cuerpos vigilaron espacios como el Campillo de Santa María, la plaza de A Pedreira o la de José Martí.

Asimismo, confirmó que, según las previsiones que se manejen en cuanto a posibles incrementos de personas en el casco histórico, este operativo podría reforzarse con más unidades.

En todos los casos, se realizó una labor preventiva, esto es, anticipar la presencia policial a la llegada de los jóvenes para evitar incidentes y poder remitirles al entorno del botellódromo. En este punto, todas las partes implicadas en la aplicación de la ordenanza, subrayaron que, si bien el viernes no se tramitó ninguna denuncia por esta cuestión, llegado el caso no se dudará en interponer las sanciones que contempla la norma, que se mueven en un abanico que va de los 750 euros a los tres mil.

Valoración

Tras haber recorrido las calles de la ciudad y comprobado in situ la erradicación del botellón, el edil Guillerme Vázquez quiso aplaudir ayer por la mañana «o comportamento absolutamente cívico de todos aqueles que acudían aos puntos habituais do botellón e foron apercibidos pola Policía Local».

En cualquier caso, de cara a calificar de éxito o fracaso la iniciativa municipal, se asume que aún se tendrá que esperar algún tiempo para comprobar si esta finalmente ha calado o no entre los jóvenes pontevedreses.