Familiares y amigos de la pontevedresa están dispuestos a acompañarla hasta las últimas consecuencias
15 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La amenaza de una desalojo por la fuerza, con la intervención incluso de los antidisturbios, se cierne sobre el futuro más inmediato de María Isabel Crespo Meis. Funcionarios judiciales, tal y como estaba previsto, acudieron ayer a su casa de Rosalía de Castro para comunicarle que tenía que abandonar el piso para que pudiese ejecutar el embargo del mismo.
Sin embargo, tal y como ya había anunciado, la pontevedresa se negó a secundar tal requerimiento: «Me niego a salir voluntariamente».
Su decisión determinó que los funcionarios anunciasen su intención de denunciarla ante el juzgado de guardia por desobediencia a la autoridad, así como aludieron a que, en una fecha próxima, en el desalojo de María Isabel Crespo tomen parte fuerzas policiales de intervención.
La pontevedresa, que reside en el piso con su hija de apenas 13 años, manifestó a los empleados públicos que se había llegado a esta situación «por la mala tramitación de un abogado». Reconoce que, en el 2004, se dictó una orden de embargo contra su ex marido, circunstancia que habría puesto en conocimiento de este último y de su letrado, quien «asume mi representación». La pontevedresa sostiene que su ex siempre se ha considerado único responsable de lo ocurrido y que «yo no tengo que pagar por eso».
Las acusaciones contra el representante legal, al que ya ha denunciado ante los juzgados, van más allá. Mantiene que recibió una serie de notificaciones de las que ella, ni su ex pareja, tuvieron constancia hasta que ya fue demasiado tarde. Primero, habría perdido un bajo y, ahora, la vivienda habitual.
En cuanto al trasfondo del embargo, este fue consecuencia de un procedimiento judicial que la antigua empresa de su ex marido entabló contra él.
María Isabel comunicó todas estas cuestiones a los funcionarios judiciales sin resultado alguno. Uno de los empleados explicó que «ella dice que su abogado la engañó, pero eso está al margen de este procedimiento».
Reacciones
«Esto es España, amigo. Si fuera un millonario ponía a andar a todos». Familiares y amigos acudieron hasta el humilde domicilio de María Isabel. Allí no solo le expresaron su apoyo, sino que más de uno retó a las fuerzas del orden a desalojarle: «Ahora vienen a quitarle la casa a mi hermana, por encima de mi cadáver. Yo me encadeno al balcón».
«Por el carajo atacan las casas de los ricos», criticó una pariente de la pontevedresa, quien no dudó en comparar la situación crítica a la que se exponen María Isabel y su hija frente al hecho de que las administraciones estén dispuestas a sufragar económicamente los realojos de familias de etnia gitana.
María Isabel apenas pudo contener las lágrimas de impotencia. «No quiero ni pensar. Hombre, tengo a mi familia y en la calle no me van a dejar, pero la situación... Lo único que les pedí es un poco de tiempo para que se aclarara esta situación irregular, se me tacha de mera ocupante y me ponen en la calle».